INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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Cómo siempre que se viaja en una chatarra de autobús por la noche se duerme de escándalo... digo, terriblemente mal! Por suerte, la tortura terminó a las 5 de la mañana, que fue cuando recogimos los bártulos y salimos a desayunar algo en los alrededores de la terminal. Aquí nos enteramos de que el Papa iba a dar una misa en el centro y luego recorrería, con su papa móvil, Santa Cruz. Luis, que ya venía con esa idea, se despidió de nosotros y se fue para ver el espectáculo. Yo, por mi parte, me quedé con nuestra amiga hasta que solucionara su pasaje a Cochabamba en autobús. El problema era que, con la visita del Papa, todo se había llenado, los precios habían subido y no encontraba el que mejor le fuera para su bolsillo. Pero antes de quedarse con el malestar de no poder viajar, hubo un carro que le bajó el precio para llenar el mismo. Ya libre, tenía que decidir qué hacía: si cogía un autobús a Sucre o iba en bicicleta. Con la pronta llegada de mi primo, decidí hacer en bicicleta de Sucre a Potosí que era más bonito y de Potosí a Uyuni para ver el salar, con lo que en una oferta que me salió no me lo pensé y agarré un pasaje con la bici gratis y en autobús semicama y, a priori, el más barato, menos de 9 euros por 500 kilómetros. Dejé la bicicleta en ese guarda equipajes que ya opté por salir a visitar la ciudad de Santa Cruz... Santa Cruz es una ciudad muy curiosa porque es una redonda en la que las calles forman un anillo que se juntan en el centro. Yo decidí que quería andar un poco y visitarlo sin estrés, aunque a las 3:30 debía estar en la estación para salir a las cuatro de la tarde. Primero paseé por la avenida de Brasil, pasando por algún mercado donde la comida es rebarata, y seguí hasta el centro. Una vez allí, me encontré totalmente solo, parecía una ciudad fantasma y sólo los trabajadores estaban por ahí rondando. Le pregunté a uno que pasaba y me dijo que todo el mundo estaba en la misa del Papa que se hacía a diez cuadras de ahí hacia el norte. Como tenía curiosidad, me dirigí hasta ahí. Unas cuantas cuadras después, empecé a ver gente y más gente. Cada vez me acercaba más a la iglesia, pero cada vez podía andar menos por la aglomeración de personas rezando y escuchando la misa en unas pantallas gigantes que habían colocado en el centro del paseo. Yo intenté colarme entre la multitud para ver si podía sacar una foto, pero era demasiado griterío enloquecido y, como eso es precisamente algo que detesto y a la vez me agobia, salí de ahí. Justo cuando se terminaba la misa, conseguí escapar de ese barullo religioso, pero no sin antes sacar buenas fotografías. Cuando salí, todo el mundo me acompañaba hacia el centro. Saqué fotos de la iglesia y catedral y de la plaza, entre otras cosas que me sorprendían y me gustaban. En una de estas, mientras paseaba, escuché un grito que provenía de un banco de asientos. Era Luis que intentaba vender pulseras sin suerte, ya que la policía lo echaba. Me preguntó a dónde iba y le contesté que a comer algo y para la estación para salir a Sucre. Al ver que el tema del Papa ya había terminado y que tenía ganas de ir a Cuzco con su familia, me acompañó. Comimos en uno de los mercados más famosos por ser buenos y baratos, unas milanesas completas con ensalada y arroz, por un euro. Le ayudé con las mochilas hacia la estación. Justo antes de llegar, vimos en uno de los anillos a la policía haciendo un camino. Preguntamos qué era lo que pasaba. El policía nos dijo que de 3 a 3:30 debía pasar el papa móvil por ahí. Como a Luis le encantaba eso, nos quedamos esperando. Pasaron los minutos y la gente se acumulaba más y más hasta llenar la calle; pero el papa móvil no pasaba. Eran las 3:15 y no había pasado aún, con lo que decidí tirar para la estación, dejando a Luis que volviera a una tienda de Internet donde se había dejado el móvil. Vaya desastre. Al llegar, me dijeron que el autobús se retrasaba un poco, con lo que volví al anillo donde debía pasar el Papa, pero sin suerte. Con todo ello, cogí el autobús. Me tocó dormir al fondo, con una familia en un lado, un señor mayor en el medio del pasillo y otro señor mayor a mi izquierda. Después de un rato de silencio, empezamos a charlar y nos hicimos amigos. El autobús era otra chatarra en la que la gente se agolpaba en los pasillos para estirarse a dormir. Apagaron la luz y nos pusimos a dormir hasta que el autobús, ya tarde, paró en un área de servicio para cenar algo. Era bién barato para comer un arroz con pollo, muy sabroso, por un euro y para hacer nuestras necesidades, ya que en el autobús no podía hacerlo. Y a dormir o… intentarlo, por lo menos. |
