INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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Motivos para levantarse de la cama no faltaban; pero el cansancio de los últimos días, sacrificando horas de sueño, para aprovechar el tiempo hacía que me costara demasiado empezar el día. En un arranque me puse en pie y me vestí imaginando mi baño en el lago. Dejamos las alforjas en el guest house, prometiendo a la casera que antes de las seis de la tarde las recogeríamos sin falta. Luego nos dirigimos enérgicamente hacia el lago Issyk Kul; pero en el camino encontramos una de las paraditas parecidas a un comedor social con el famoso Ashliam-fu. Desayunamos abundantemente disfrutando cada cucharada de ese manjar. Seguimos el camino fotografiando cada uno de los 10 kilómetros que nos separaban de Karakol al lago. En uno de los maravillosos parajes por el que pasamos, un pastor con ovejas nos ayudó a realizar una foto con un tierno corderito entre nuestros brazos. Al cabo de dos kilómetros más llegamos a una playa del lago gracias a la ayuda de un niño que nos mostró el camino entre verjas y puertas cerradas. Las vistas no podían ser mejores y la tranquilidad que desprendían sus cristalinas aguas, con los caballos paseando libres por la orilla, nos llenó de felicidad y nos mostró una imagen que nunca antes había visto. Paseamos relajadamente con las bicis recorriendo la orilla. Encontramos pequeños jinetes de 10 años que sonreían tímidamente a nuestro paso, cerezos mostrando sus hojas blancas contribuyendo a magnificar la belleza del lugar. Por fin paramos en una playa totalmente aislada en la que nos bañamos en las aguas poco saladas y frías del lago, junto a las bicicletas que también necesitaban un baño reparador. Relajados y contentos por la experiencia vivida decidimos volver por donde habíamos venido y recoger las alforjas, no sin antes comer otro Ashliam-fu. De ahí fuimos a la mezquita con estilo chino que había en Karakol y de ahí volvimos a la estación para coger una mashurka y volver a Bishkek. Pero, como siempre en estos países, tocaba regatear y negociar un precio para nosotros y las bicicletas. En una de las negociaciones, un par de conductores de mashurka quisieron hacer el agosto con nosotros y cada uno nos pedía hasta 3000 soms por el transporte pensando que al final, no viendo ninguna alternativa, diríamos que sí; pero sabiendo de su jugada y habiendo ido hasta Karakol por 800 soms nos negamos. Pensamos que había sido una estupidez por perder dinero. Después de eso fuimos hasta otro lugar donde, después de un duro tira y afloja, conseguimos el precio por el que fuimos hasta allí: 800 soms. El problema es que el espacio de la mashurka era inferior al primero, por lo que tuvimos que desmontar la bici por completo y, ni así, entraba. Hubo un momento que creímos que tendríamos que pagar más por ese espacio; pero con un poco de bondad del conductor, nos consiguió otra mashurka más amplia para poder poner las bicis en los asientos traseros. Accedimos y por fin nos pusimos en marcha. En el viaje conocimos a un montón de gente, incluyendo una chica, que nos consiguió un hostal barato para pasar la noche cuando llegáramos a Bishkek, sobre las 12 de la noche. Fue toda una gran ayuda para poder descansar en el momento de la llegada. Además, nos quedaba cerca de la embajada de China, a la cual teníamos que ir al día siguiente. El punto negro de todo fue que las bicicletas quedaron un poco tocadas con el roce continuo entre ellas y perdí un eje de una rueda. Por lo demás, todo bien y con ganas de descansar.
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