INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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Ayer parecía que había algo que no dejaba que me marchara de Meteora. Una fuerza misteriosa que me obligaba a frenar la salida. Me he despertado pronto, sobre las 8 de la mañana de Grecia (una hora más que en España). No tenía mucha prisa así que he podido levantarme con la calma y, muy poco a poco, tan poco a poco, que hasta que conseguí tenerlo todo a punto ya eran las 9 pasadas. Luego me he permitido el lujo de desayunar bien con cosas que había comprado el día anterior como: cereales, galletas, jamón y queso. Con eso ya se me han hecho las 10. A continuación vino la inevitable despedida de la familia con la que había estado viviendo estos 2 inolvidables días. Como ya he dicho, en otras crónicas, es una aventura con demasiadas despedidas y eso da pena. Cuando he empezado a rodar ya eran las 11 y las fuerzas de Meteora no querían que me fuera; ya que, al repasar la bicicleta en Kalambaka (el pueblo que hay debajo de Meteora), he visto que tenía un radio partido de la rueda trasera. Total que así no podía ir a ningún sitio; ya que se podía doblar la rueda y tener problemas mayores. Al bajar hacia el pueblo he tenido la suerte de encontrar un taller de motos y bicicletas. Boby, el encargado de la tienda, me ha cambiado el radio muy amablemente. Al mismo tiempo he aprovechado para darle un repaso a la bici reparando algunos desperfectos y cambiando los frenos traseros que tenía desgastados. Ha empleado hora y media y he podido conocer a su padre, a un amigo muy simpático y a sus dos encantadores hijos. Reparado el problema y como ya eran las 2 he comido algo rápido y típico de Grecia de una panadería. A partir de allí he comenzado a pedalear hasta donde pudiera. Por el camino he podido apreciar como, por fin, empezaba a llanear y no había tantas subidas y bajadas, cosa que he agradecido enormemente. Otra cosa curiosa y que me ha aportado buenas sensaciones ha sido rodar con algodón en toda la cuneta de la carretera. Antes que anocheciera he conseguido llegar hasta Karditsa, a unos 55 kilómetros de Kalampaka. Kalampaka es un pueblo famoso en Grecia porque hay muchísimas bicicletas y para esta vuelta al mundo en bicicleta no le venía nada mal. Lo malo ha sido que no he encontrado nada barato ni a nadie que quisiera alojarme por lo que he tenido que conformar con un hotel algo caro que, regateando, me han regalado el desayuno buffet. Hoy sí que me espera un día de mucho trayecto ya que tengo que recuperar algunos kilómetros. |
