INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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Despertando más temprano de lo que me apetecía dormir, me puse a organizar mis cosas y, sobre todo, a recoger la bicicleta, despidiéndome del hostal, extra barato, donde había pasado las últimas dos noches. De ahí busqué a mi primo Xavi y a Cris al hostal y anduvimos juntos, saliendo de la medina hasta un restaurante para tomar el desayuno del que, de nuevo, Xavi tendría la amabilidad de invitarme. Dejando la bici en la acera, con el cielo encapotado, intentamos sentarnos en la mesa que se asentaba en la acera, ingeniándonoslas absurdamente para que cupiéramos los tres. Una vez allí, el desayuno variado de siempre y qué mejor para empezar una ruta bajando y subiendo alguna montaña por Tetuán. Huevo, aceitunas, mortadela, queso y aceite de oliva con pan y té para, entristecido pero no demasiado, decirnos adiós, y digo: ni demasiado, ya que en breve sentía que nos volveríamos a ver en Barcelona, así que podía decir que era un adiós con hola o, mejor dicho, un hasta lueguito. Con esas energías del desayuno y unos buenos abrazos, subiendo cuestas duras, como principio de ruta, ya me alejé de Xavi y Chefchaouen, bajando a principios y subiendo después, entre lagos y presas que iba fotografiando a modo de adiós a Marruecos. Con esas bajadas y subidas y con una última comida en el Atlas a base de pan con mortadela y queso, preparado por unos señores muy amables, que hasta me dieron agua y refrescos para continuar la marcha, ya llegué a Tetuán y de Tetuán, pasando la gran ciudad, hasta volver a ver de nuevo y mucho tiempo después, mi mar Mediterráneo. El mar que me vio nacer y que me vio dar los primeros aleteos y buceo. Un mar algo apagado por culpa del día gris que había durante todo el día. Seguí pedaleando, ya pegado al mar Mediterráneo, hasta Castillejos, una ciudad fronteriza, ya que se encuentra pegada a Ceuta y turística para estas fechas de verano en la que todo el mundo en Marruecos quería un poco de playa. Mi idea era buscar un lugar donde dormir en esta ciudad, ya que en Ceuta todo sería más caro, con lo que empecé a preguntar. Aquí la hospitalidad era difícil y peligrosa, ya que estos lugares, con tanto tráfico entre frontera y frontera, son de lo peor, con lo que me recomendaron un hostal llamado Tánger al final de la calle de la Nacional. Allí me atendió Mohamed, un chico muy amable español de Ceuta que, al ver mi situación, me dejó una habitación por tan solo 3 euros. Un chollo que agradecía inmensamente y que siempre le tendría en consideración en estas páginas en el día del adiós y del hola. |
