INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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Aún no soy consciente de todo lo que Colombia me ha dado. Soy incapaz de enumerar todas las cosas que he tenido el placer de conocer de este país que desde fuera parece horrorizar y desde dentro enamora. Empezando por la gente, siguiendo por los paisajes y terminando por el ambiente musical que cada ciudad mantiene como sello, Colombia es uno de esos países que no tiene ninguna maravilla, entre el top 10; pero todo lo que la conforma es realmente excepcional y maravilloso que pongo con estrella en este viaje. La experiencia que uno tiene cuando viaja hasta aquí no es de placer a través del dinero, ni Machu Pichus turísticos. El máximo valor de este país está en la amabilidad, la simpatía, la hospitalidad y el respeto que tienen en cada uno de los rincones del país, sin querer tocar el estigma que mantiene con el narcotráfico que yo, viajando lento en bicicleta, ni siquiera lo he podido ver. Que nada es perfecto, lo reconozco, y Colombia aún tiene trabajo que hacer en lo político y en lo social; pero, sinceramente creo que el camino que están recorriendo es el correcto y espero que en unos años Colombia no sea visto por lo malo, sino por todo aquello que he sentido en piel propia. En el día que me alejaba de Colombia a través del velero, Rendez Vous, del capitán Fabio, he dado un montón de abrazos. Algunos como el de José, que se ha portado fenomenal y al que guardo una habitación en Barcelona, por si le apetecía ir, al igual que su prima Bea, junto a su sobrina y adorable Mariana que, aún en su corta edad, estaba deseosa de viajar por el mundo, aunque no en bici. Otros abrazos, en mi mente, para todos los amigos que he ido dejando en los diversos lugares que he tenido la suerte de pasar en este camino de montañas. Nunca olvidaré a todos ellos, todos y cada uno de estos ángeles saben que tienen a alguien con quien hablar y siempre tendrán un amigo en Barcelona. Para dejar Cartagena he tenido que terminar de atar algunos asuntos pendientes en los que me ha echado una mano José: cambiar dinero y montar la bicicleta antes de que una tormenta atrasase mi salida hacia el muelle. Después me he desplazado con todo el material al destino señalado para subir la bici al velero y conocer a Lorenzo, otro viajero, que me acompañaría junto a Víctor, un colombiano que ejercía en un circo. También he conocido a Teresa, la esposa de Fabio, y Telma y a su bebé. Acto seguido compramos la comida y arreglamos el barco para tenerlo listo para el desamarre en cuanto tuviéramos los pasaportes de salida de Colombia sellados. Para ese momento, siendo ya medianoche, izamos el ancla despidiéndonos definitivamente de las luces que emitía Cartagena que, despacio y atravesando el canal, iba desapareciendo de nuestra vista. La calma de la noche nos transportó hasta el medio del mar Caribe, en el momento que me tomé mi última gaseosa colombiana (y no hablo de mujeres). A continuación eché mi última vista atrás al país de Colombia. A continuación me eché a dormir en mi camarote realizando otro sueño más en mi larga lista de esta vuelta al mundo... viajar en velero. Asa es la historia que mañana conoceréis en profundidad... |
