INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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Happy birthday to youuuu!! Happy birthday to youu!!! Así despertamos todos y cada uno de nosotros cantando a Sarita esa canción para celebrar su primer año de vida. Con esa fantástica y repetitiva canción nos pasamos todo el desayuno hasta que empezamos este día especial saliendo de Montreal hacia Quebec con los dos coches. Aunque Ángel y yo intentamos montar un buen ambiente de canciones y fiesta en nuestro coche, sólo conseguimos bostezos y que los niños se mantuvieran entretenidos con algunos juegos en la tableta. Tres horas de viaje aburrido y cansado para llegar justo a tiempo para la comida en un restaurante tipo bufet con todo tipo de comida. Pizzas, sushi, carnes, sopas, comida china, griega y de muchos países más, consiguieron que reventara de placer. Mientras tanto, los niños disfrutaban como tal de esa maravilla gastronómica. Para terminar, y mientras la lluvia torrencial que había inundado las calles minutos atrás remitía, el cumpleaños feliz sonaba por todo el restaurante y la vela del año se iluminó con una niña feliz en el otro lado de la mesa de donde yo me sentaba. Al cabo de un tiempo, las gotas de agua remitieron definitivamente y salimos a la calle para regresar con los coches al centro de la ciudad y turistear un rato largo por esa espléndida ciudad. Eso sí, los contratiempos de una nueva ráfaga de lluvia volvieron a encender las alarmas durante un breve lapso de tiempo. Quebec es una ciudad con más historia que Montreal y eso se nota nada más entrar a la ciudad, con un castillo enorme y precioso convertido en un hotel. También las callejuelas y empinadas escaleras, nombradas rompecuellos, hacían de ese paseo una fabulosa experiencia inolvidable y fotográfica que me llenaron de megabytes la memoria de la cámara. Después de un paseo por esas callejuelas, con algunas riñas por los niños, normales y con esa ciudad que me recordaba a su madre patria, llegamos a un parque con chorros de agua que emocionaron definitivamente a los niños con juegos y baños. Mucha diversión y de nuevo fotografías para de nuevo encontrarme en un McDonald's. Esta vez puro canadiense en el que cenamos un poco para terminar la excursión con algo de bebida y comida. Aunque para el final había una sorpresa llamada espectáculo: un chico mexicano salido del circo embrujó a los niños y más concretamente a Alba, con sus malabarismos y acrobacias dejando un regalo a Alba de un Chile en forma cómica. Ahora sí, aunque después de un rato de búsqueda del coche perdido y ya todos en sus lugares respectivos, bien cansados, salimos sin tráfico por la carretera con dirección a la cama de Montreal con la luna brillando a lo alto de nuestro adiós a Quebec, una ciudad que enamora por sus calles y su magia. |
