INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
|
De la gasolinera al cruce para ir a Real de Catorce, donde tenía pensado pasar un día, tan solo había 65 kilómetros y con el viento a favor fue fácil llegar hasta ahí y comer unas ricas gorditas en el kilómetro 8, donde Mauricio y su hermana me acogieron para el almuerzo con tanto amor y cariño. Después ya se complicaba un poco el trayecto con carretera angosta y de doble sentido; pero lo peor estaba por ocurrir, ya que al llegar al cruce para Real se tornaba pedregoso y para mi bici difícil. Eran 24 kilómetros de pura piedra y subida de los 1700 a los 2800... algo que ya desde un principio me parecía difícil; pero que al rato lo vi imposible con mi bici, ya que de golpe uno de los radios nuevos de la rueda trasera se me partió. Solo había recorrido 2 de esos 24 km y ya estaba con problemas mecánicos, con lo que decidí arreglar el desperfecto y aguantar una hora más pidiendo raid, autoestop, hasta que me di cuenta que en esta región no se suele recoger a nadie. Dándome por vencido, ya seguí por la carretera hasta que se me hizo tarde y sin ningún pueblo a mi alrededor. Me instalé en medio del desierto, detrás de una pequeña montaña, entre miles de cactus. Dejando la tienda montada, me fui a dar un paseo subiendo otro cerro, mientras algunos pinchos de cactus se me metían traicioneramente en mi piel, sintiendo bien de dolor, aunque las vistas del atardecer desde ese lugar eran maravillosas y buenas fotos saqué. De vuelta al campamento y sin gas, hice una hoguera con la que cocinar y comer unos espaguetis en sopa de pollo, delicioso y nutritivo, bajo las estrellas mexicanas. Con la barriga completa y con algo de frío, me metí en la tienda y mientras escribía estas líneas, ruidos misteriosos vinieron del exterior... ruidos como tocando la tienda, abriéndome las ranuras para observarme, chillidos como de niñas, pájaros degollados o hasta pisadas que se acercaban o se alejaban. Hasta cuatro veces salí de la tienda con la linterna sin ver absolutamente nada y parando de golpe esos misteriosos ruidos. Con algo de miedo, me acosté definitivamente, sabiendo que nadie me podría encontrar ahí a menos que fueran animales o fantasmas de estos que dicen haber en las leyendas del país. Con algún ruido más, me pasé, sin querer salir más y poco a poco, con el cansancio acumulado que tenía, el corazón se me estabilizó hasta que me dormí completamente y quién sabe si despertaré esta noche sin más sustos... con lo que grito... buenas noches fantasmas de México lindoooo... |
