INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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La separación de Domingo a primera hora de la mañana, sin haberme despertado, fue un hasta luego, ya que seguro que en el futuro nos volveríamos a ver y, aunque usaba un método furtivo, sus intenciones eran las de dirigirse a México para viajar un poco más por ese país del que se había enamorado y luego volver a España. Pocas horas después, y por culpa de petardos atronadores, despertamos Lena y yo envueltos en un día con muchos cohetes de bienvenida al nuevo alcalde de la ciudad. La gente abarrotaba las calles y se reunían en la plaza para escuchar al nuevo alcalde recitar las palabras que todos esperaban. Nosotros desayunamos y, sin muchas ganas de participar en estas celebraciones políticas, salimos en el primer chicken bus de vuelta a la Ciudad de Antigua. Usamos hasta tres transportes. El primero, con amortiguadores destrozados, en el que la subida, desde allí hasta la cumbre, se nos hizo un infierno; otro, abarrotado hasta debajo de los asientos, en el que tuvimos que amoldarnos como un pastel a su recipiente; y seguido de otro que ponían la música a lo discoteca sin dejar a sus pasajeros charlar. Para finalizar el día en la ciudad con la que empezó toda la aventura del lago Atitlán. En Antigua dejamos las cosas en el hostal: A Place to Stay, el mismo en el que me hospedé la primera vez, y fuimos a comer a un restaurante bien rico que Lena, al haber vivido allí, conocía a la perfección. De allí nos despedimos con Lena, que había quedado con una amiga argentina para salir mañana al volcán de Santa Marta. Yo me retiraré al hostal para prepararme otra aventura. Esta vez subiendo al volcán de Acatenango, en la que pasaría una noche acampando en la base de un volcán del que decían era perfecto para disfrutar de unas vistas de todo Guatemala y muchas otras cosas más. ¿Exageran? Mañana lo sabré... |
