INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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Se dice que a unos 100 kilómetros de Antigua hay uno de los lagos más bonitos del mundo: el lago Atitlán. Antiguamente recibía el nombre de Laguna de Panajachel. En sus orillas se encuentran numerosos manantiales de agua mineral y fuentes sulfurosas. Tiene a su alrededor varios pueblos que reciben los nombres de los apóstoles, así como 18 pequeñas islas. Por las tardes sus aguas son sacudidas por un viento fuerte que los tzutujiles llaman Xocomil. Tres volcanes forman parte de su paisaje: el volcán San Pedro, el volcán Atitlán y el volcán Tolimán. Es el segundo lago más grande en extensión, únicamente superado por el Lago de Izabal y se trata de uno de los atractivos turísticos más importantes del país. Hasta allí viajé en la mañana en un transporte directo con una duración de 3 horas y media. Dejé la bicicleta en el hostal para recogerla a la vuelta ya que tenía que volver por el mismo camino. Con una mochila llegué hasta San Pedro de la Laguna. Uno de los pueblos referencia por tener mucha oferta de hospedaje y barato. También allí, y más concretamente en el hostal Francisco, estaban Domingo y Lena, recomendados por nuestro buen amigo Héctor. Llegué bajando las empinadas cuestas que bordean el lago a San Pedro pasadas las 2. Caminé buscando el hostal en ese pueblo pequeño en el que el lago era su principal protagonista. Al encontrarlo no encontré en él a mis dos amigos, con lo que seguí las instrucciones de Francisco para dejar la mochila en el interior de la habitación donde se encontraban ellos y empecé a caminar por sus calles, más extensamente, conociendo el pueblo con mayor detalle. Deambulé sacando fotografías por todos lados hasta que me encontré con unas enormes ganas de darme el primer baño en las aguas de ese lago tan especial. Busqué, caminando hacia el sur, hasta que un bonito espacio se abrió entre el camino y el lago. Una vez allí probé las frías aguas del lago a las que mi cuerpo rechazaba en un principio hasta que me lancé, de un tirón, al interior de sus limpias aguas. Poco después el sol empezó a ocultarse entre los volcanes que cubrían el lago, dejando una puesta de sol muy bonita en mi primer baño de Guatemala. De vuelta al hostal esperé a mis amigos hasta su llegada y nos fundimos en un abrazo. Nos pusimos al día de nuestras aventuras y desventuras cenando pasta, que el mismo Domingo había cocinado magistralmente. Charlando frente al lago pasamos el tiempo hasta que el sueño nos ganó y fuimos a dormir. |
