INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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Amaneciendo en la empresa Itaipu Travel, me desperté por primera vez en Brasil. Flavia, la hermana de Ligya, me llamó para desayunar en la cocina de la empresa. Sándwiches de jamón y queso con café de Brasil fue el menú seleccionado para este primer día completo brasileiro. A continuación, me subí a la bicicleta y fui a buscar cambio para tener algo de reales brasileiros y poder comprar algo para comer en el parque de Iguaçu. Del supermercado Muffa salí con la dirección deseada. Me esperaba la parte brasileña de una de las 7 maravillas naturales del mundo. Unos kilómetros después llegué a la entrada donde dejé la bici en una zona con seguridad y pregunté si había alguna opción de descuento tal y como hice en Argentina; pero aquí me dijeron que el descuento mínimo era de 2 reales y que el único permitido de dar descuentos era el mismo gobierno que, ni de broma, podía solicitar con poco tiempo, así que me tocó pagar la entrada completa con ese pequeño descuento. Volví a disfrutar de ese entorno privilegiado, del sonido de un millón de litros de agua chocando contra las rocas verdes y frondosas típicas de la selva y de nuevo la compañía de los coaties, esos animalitos tan simpáticos que me saquearon la comida en la parte de Argentina. Paseé tranquilamente fotografiando y respirando cada bocanada de aire con la mayor intensidad posible, disfrutando de la energía mágica que envuelve esa zona donde el agua cae salpicando, con mucha humedad, toda el área. El lado brasileiro, al contrario que el argentino, se ven las cataratas de frente y llegas hasta dentro de la famosa Garganta del Diablo, donde uno puede entretenerse escuchando ese atronador y fabuloso sonido. Estuve por la zona hasta el mismísimo atardecer y, para finalizar el día, vi cómo caía el sol entre las cataratas dejando sus destellos por doquier. Luego, ya con la luz crepuscular, volví a Foz, justo donde había empezado a disfrutar del día maravilloso, en Itaipu Travel, donde me esperaron realizando una reunión con una pizza gigante y una conversación igual de grande con Ligya. Me acosté soñando con las cataratas donde el arco iris, en total armonía con el paisaje, y donde pude cumplir otro sueño de volar sobre él. |
