INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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Tempranito, como últimamente y cansado, me puse en pie para recoger las cosas y salir del hostal Tánger donde había pasado la noche de Castillejos. Bajé las cosas por las escaleras y monté la bici con la atenta mirada del recepcionista que me había abierto la puerta y me había ayudado a bajar todo el material. Compré unas pastas ultra baratas con las sobras que aún tenía de monedas y me alejé de Marruecos hacia España.... A 5 kilómetros de haber salido, las fronteras se llenaban de gente en una especie de jaulas en las que controlaban el paso de marroquíes. Yo, con mi bici, pasé con el pasaporte español ajeno a tantas quejas y tantas desilusiones por no poder cruzar a Ceuta con la idea de una vida mejor. En las fronteras me sellaron el pasaporte de salida y en la de España me dieron la bienvenida con unas cuantas sonrisas al explicar mi viaje y con un: bienvenido a la realidad. Ya con el beneplácito de los policías que chequearon un poquito la bici, crucé Ceuta y me enfilé, sin ganas de deambular, hacia el puerto donde un ferry me esperaba para cruzar el estrecho. 30 euros con descuento y sin poder reclamar nada más me sirvieron para subir al barco de Balearia. Metí el primero la bicicleta en el barco y le subí para sentarme cómodamente al lado de un enchufe y así conectar los aparatos que en bastante tiempo no podría recargar. Después empezó el viaje saliendo de Ceuta y en una hora aproximada llegamos finalmente a la península Ibérica, mejor dicho, a Algeciras. Después de casi tres años me encontraba en el lugar de mi nacimiento. Una península que ahora estaba en proceso febril por las crisis que provocaron los que gobernaban el país. Una vez amarrado el barco, me subí de nuevo a la bici y empecé a pedalear intentando conectarme a internet; pero mi teléfono no funcionaba y no podía conectarme a nada, con lo que tenía que usar mi orientación e ir preguntando. Dirección a Jerez, me puse a pedalear, saliendo, por obligación, unas cuantas veces de la autovía. Aquí en España las autovías están prohibidas por ley para las bicicletas y las alternativas no están demasiado bien señalizadas y a veces no hay. Como empezaba a marearme con las direcciones, pregunté a un amable policía que me dijo que siguiera hacia Barrios y de allí cogiera la vía de servicio de la autovía. Haciendo caso y aunque las señalizaciones brillaban por su ausencia, conseguí subir los puertos que había por toda la ruta, cansándome más de lo normal, también por culpa del calor que hacía. Ya muy tarde comí algo en un restaurante de carretera en el que pregunté por un poco de pan y me dieron a cambio unas aceitunas, agua mineral fresca y ese pan para hacerme bocadillos con algunas sobras de mortadela que aún tenía de Marruecos. Seguí con el pedaleo firme en una tarde desastrosa que, siguiendo las vías de servicio, me perdí y es que esas vías de servicio daban a fincas. La primera, la vía de servicio, de la izquierda de la autovía, hasta 5 kilómetros más allá estaba totalmente cerrada y luego por la vía de servicio de la derecha en la que me fui metiendo en fincas y prados, hasta con toros que me miraban extrañados por la bicicleta. Una tras otra fui pasando puertas que se podían abrir, pensando que esa vía de servicio al final continuaría más allá, pero una hora después de pasar entre fincas llegué a una zona de molinos de viento en la que no había salida. Lo único bueno fue encontrar un par de técnicos de Iberdrola que me dijeron que debía tirar todo para atrás y agarrar otra carretera hacia Medina y de allí ya continuar por otra vía de servicio más adelante. Eso sí, me dijeron que tuviera cuidado con los toros bravos. ¡A buenas horas! Con cansancio y sin querer meterme de nuevo en los prados con los toros, ya me metí en otros prados; pero acortando mi estancia lo máximo posible hasta la rotonda de las vías de servicio y desviándome hasta Medina. Una vez al lado del pueblo pregunté en una gasolinera dónde podía dormir, al estar a punto de hacerse de noche. Al no saber un sitio exacto, me ofrecieron acampar detrás de la gasolinera en un huerto de un amigo suyo y al lado de un hotel. Sin más pensamiento, me acomodé la tienda entre matorrales y paja y los chicos, asombrados, me quisieron dar una bebida y unas patatas fritas. Con eso me entretuve mientras cocinaba pasta en otra zona recomendada por Ismael. Sin mayores problemas que algún despistado parando en la gasolinera ya cerrada, me acosté para poder dormir y descansar tranquilo a pesar de una diarrea momentánea y un perro toca huevos. |
