INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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Aún era de noche cuando me desperté y decidí irme de la escuela para no tener problemas. Busqué un McDonald's para conectarme a internet y así poder ver el siguiente recorrido para llegar a Auckland. De salida de la ciudad saqué de nuevo el papel mientras la lluvia lo mojaba como en la anterior jornada y seguí con la búsqueda de un transporte. Primero, un chico, de lo más amigable, me llevó a 10 kilómetros hasta un punto que creía que podía conseguirlo. Una vez allí, bajo la lluvia, esperé con el brazo levantado durante una hora o algo más hasta que Phil, un camionero, se paró. Se bajó y me abrió uno de sus dos tráilers para que subiera la bici. En él tenía una bici de carreras y es que, por lo que me comentó a posteriori, había sido un ciclista de carreras y había recorrido el norte de Nueva Zelanda con montones de km. a sus espaldas. Él se dirigía a Auckland para entregar una mercancía, con lo que me llevó todo el camino entre conversaciones de lo más variadas. Seguimos recorriendo los 200 kilómetros que faltaban y, por fin, estaba en Auckland un mes después de llegar por primera vez. Esa gran urbe que, realmente, dice tan poco de Nueva Zelanda, que dice mucho de su futuro. Una vez allí, me llevó donde tenía que entregar la mercancía. Le ayudé a abrir los contenedores y los tráilers. Tardamos una hora en descargar todo. Luego me llevó cerca de mi destino en New Market y nos despedimos con un: -¡Hasta la vista, amigo! Llegué a la casa de Suely. No estaba. Como me dio la llave antes de salir, hace un mes, pude entrar y acomodarme hasta que llegara... Por la noche entró mientras arreglaba la bicicleta y nos fundimos en un fuerte abrazo. Cenamos con buen vino y di por finalizada mi aventura en Nueva Zelanda. Ya sólo quedaba preparar las bolsas, la bici y salir hacia el nuevo mundo... ¡Sud América!!! |
