INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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Después de la acampada en el parque y, sin ningún problema, me puse a buscar una solución para la batería del teléfono móvil. Rodé hasta una tienda donde reparaban estos trastos. La primera respuesta que recibí era que el teléfono, al ser chino, no tenían ese tipo de baterías, así que me enviaron a 4 kilómetros a otra tienda llamada Batery World. En esta tampoco tenían la batería, pero podían pedirla por internet. Lo malo era que tardaba casi un mes en llegar. Después de probar todo tipo de inventos, me enviaron a otra tienda, a casi 10 kilómetros, con lo que ya estaba visitando la ciudad casi por completo. Al llegar, todo empapado por culpa de una inesperada tormenta, a esta tercera tienda me dijeron más o menos lo mismo: que si quería otra batería, tenía que esperar un tiempo... eso no podía hacerlo ya que no tenía donde esperar y debía continuar el camino al día siguiente. La otra solución era comprar otro teléfono, que descarté enseguida por falta de recursos y esperanzado en conseguir una nueva batería. Dejando de lado el teléfono, me fui a coles a comprar algo de comida. Me fijé en que tenían carne de canguro y, como en mi vida la había probado, esa era mi ocasión. Como tenía las barbacoas gratuitas en la ciudad de Townsville a lo largo de la costa, me venía perfecto. La realidad es que Townsville no se parece a ninguna ciudad australiana de la que hubiera estado antes. Tenía edificios antiguos, no de metal como la gran mayoría, y un paseo marítimo precioso en el que hay mil actividades gratuitas por hacer. Barbacoa encendida y carne a punto, me puse a cocinar hasta que la carne estuvo en su punto, tal como dicen las instrucciones: 4 minutos por un lado, 4 minutos por el otro y añadir sal y aceite. El primer trozo de carne me supo a gloria, pero nada diferente a otras carnes de vacuno conocidas, aunque con otro tipo de textura, algo más fibrosa, y ahí estaba, otra cosa diferente que había realizado en esta vuelta al mundo. Terminado mi filete, me puse a recorrer la costa con la bici, capturando todos los momentos interesantes del camino y, como curiosidad, las sonrisas que en Asia me regalaban cuando sacaba una foto, aquí eran enfados y ni siquiera podía enfocar al sujeto. Una pena que, por una tontería, la gente se tenga que enfadar... Luego me bañé en una de las zonas habilitadas para ello, con redes alrededor para que no entraran las temidas medusas que aquí, incluso, hay especies que con su veneno llegan a matar. Finalizado uno de los mejores momentos del día, me disponía a salir de nuevo a recorrer la costa cuando una señora llamada Perijane me paró para regalarme un libro religioso y, entre explicaciones sobre mi viaje, se quedó tan sorprendida por mi aventura que en el libro me puso 10 dólares australianos. En eso tengo que reconocer que me sorprendió muchísimo por la amabilidad y el trato que me ofreció, después de tener alguna riña con otros australianos por las fotos. Es un cara y cruz. Continué mi camino haciendo fotos y más fotos sin buscar nada hasta que, en una esquina, me encontré un hombre que practicaba con su guitarra, disfrutando de una de las mejores vistas de Townsville. Estuve charlando y tocando con él, dejando mis prisas y mis nervios lejos de mí y, nota a nota, se iba convirtiendo en canción, con el atardecer de fondo. Como ya era tarde, pensé en volver al mismo sitio donde acampé la noche anterior; pero como vi una barbacoa, preferí cocinarme algo y de ahí buscar otro lugar con la barriga llena y la energía renovada. A veces cuesta, algo más de un día, para volver a encender los motores de la ilusión. |
