INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
|
El día no pudo empezar peor. El cielo estaba cubierto y amenazaba tormenta. Así que, a primera hora de la mañana, ya estaba corriendo para recoger todo y continuar mi camino antes que empezara a llover y empapara todo el material. Pude conseguir recogerlo todo en pocos minutos, pero, nada más salir de la tienda, un montón de mosquitos me atacaron picándome por todos lados. Hasta tres mosquitos a la vez me cargaba cada vez que aplastaba mi mano contra alguna parte de mi cuerpo, hasta que me coloqué el impermeable esperando acabar con el problema. Después de eso conseguí arrancar antes que la lluvia hiciera acto de presencia. Pero... pocos kilómetros después un pinchazo me detuvo. Al arreglarlo rompí un radio intentando enderezar la rueda, así que continué perdiendo tiempo. Finalizado el cambio de radio vi que la rueda volvió a deshincharse, con lo que tuve que arreglar el pinchazo de nuevo. No pude encontrar el agujero ni metiéndola en agua, así que cambié la cámara por otra y, después de un par de horas de arreglar cosas, pude continuar la marcha. Al cabo de una hora me paré en una reserva natural de koalas y, siguiendo el camino, me quedé sin agua por la poca previsión que tuve con todo el lío de la rueda. Continué hasta una área de descanso; pero el agua no era potable... ¿qué iba a hacer? Lo de siempre: ser ayudado por una persona. Esta vez conducía una ambulancia que paró en la misma área. La ambulancia era conducida por un chico de Latvia y el hombre, muy majo, me llevó hasta Grafton donde tendría el agua potable que quisiera. En esa ciudad, justo cuando iba a parar en un McDonald's para conectarme a internet, conocí a un par de cicloturistas franceses que iban hacia el mismo sitio que yo, pero David, uno de ellos, tenía que ir rápido a Melbourne para encontrarse con su novia, con lo que iba a hacer autoestop. El otro, Damien, continuó conmigo en bicicleta y, juntos, llegamos a Braunstone. Como no encontramos lugar donde dormir, preguntamos en una casa si podíamos acampar en su jardín y acto seguido ya nos habíamos hecho amigos y nos estábamos duchando, charlando y disfrutando de las maravillosas vistas que ofrecía su hermosa casa con música de Enya de fondo. Momentos maravillosos en los que cenamos genial y charlamos hasta la hora de dormir con la música de fondo de la lluvia de tormenta que nos ofrecía la noche australiana, acompañados de alguna araña enorme zampando mosquitos sin parar. |
