INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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No tengo la impresión de que haya visto una de las maravillas del mundo; ya que son días tan intensos que no puedo distinguir entre la luz y la oscuridad. También tengo que reconocer que viajar por la India en bicicleta es un incordio que no recomendaría a nadie. Aparte del tránsito, un verdadero suicidio por los motivos que ya mencioné en su día y con el añadido que nos han informado que hay cobras por cualquier rincón fuera del asfalto de la ciudad. Aún más, la gente no hace más que rodearte y bombardearte a preguntas cuando lo que quieres es descansar y desconectar un rato. Pero aquí no hay descanso. Sigo contando sobre el día que hemos tenido. De salida del hostal hemos cogido un taxi para ir hasta un banco Western Union. Allí hemos estado esperando durante horas a que se corrigiera un error en el código que le dieron a Javi. Viendo que no podíamos solucionarlo, decidimos ir directamente hasta el palacio del Taj Mahal. Un taxi nos llevó unos 100 metros del parque, hasta la oficina de tiquets, con un hombre intentando convencernos de que le cogiéramos como guía, sin suerte para él. Después de comprar la entrada, por unas 700 rupias para los turistas, casi 10 euros, otro hombre nos intentó colar lo mismo. Ya pasada la entrada, disfrutamos de los jardines. Tuvimos la mala suerte de que a Javi le pidieron que dejara el trípode en consigna que, por cierto, estaba en la otra punta del recinto. Luego, cuando ya lo habíamos dejado, volvieron a mirar las cosas, a ojo, con la mala suerte de que en la bolsa yo llevaba la navaja suiza, con lo que tuve que volver al mismo lugar, perdiendo 15 minutos más. Por fin, ya dentro del recinto, pudimos ver una de las maravillas del mundo actual y, aunque mis opiniones las intento dejar de lado, diré que me esperaba un poquito más. No es que no sea impresionante, que sí que lo es, lo que pasa es que no es lo grandioso que me lo imaginaba. Después de dar mil vueltas y de disfrutarlo sentado, sólo observándolo, volvimos al hostal para descansar. |
