INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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El clásico se jugaba a las 12 en punto aquí en Georgia. Al ser tres horas más que en España, tuvimos que aguantar un poquito hasta las tantas de la madrugada. Teníamos el ordenador preparado y listo para la acción. Juba, el hijo de la casera, se unió con nosotros para ver el partidazo. Un partido con muchos goles y con mucha emoción que, a pesar de la pésima actuación arbitral, se llevó el Barça. Sobre las dos y, con tres horas de sueño por delante, me acosté... A las 5 sonó el despertador. Había mucho sueño y pereza para levantarse. Lo malo era que la casera y sus hijos se tenían que despertar y la puerta de salida estaba bloqueada por su cama. Después de eso, fuimos hasta la estación de autobuses "Station square" y a las seis en punto estábamos dando vueltas buscando un transporte para ir a Mestia. Para poneros un poco en situación, explicaré el funcionamiento y la organización de estos transportes llamados mashrukas: cuando llegas a la estación, uno tiene que espabilarse preguntando, uno por uno, estos híbridos entre autobuses y furgonetas que vayan al destino deseado. Después se negocia el precio del transporte (a los turistas siempre intentan subir los precios) y, una vez en la Mashruka en marcha, te cobran el precio acordado. También hay que recordar que los horarios los ponen los conductores cuando creen que el autobús está lleno. Después de contar el funcionamiento, procedo a explicar la anécdota del día. Como he dicho, sobre las seis de la mañana, estábamos preguntando entre las Mashrukas y en una de ellas, un señor nos informó que iban hasta Qutaisi, una ciudad de camino y que, en principio, no llegaba a Mestia; pero que luego desde allí se podía coger otro transporte hasta Mestia. Nosotros queríamos coger uno directo como habíamos visto en internet, así que lo descartamos rápidamente. Cuando el copiloto vio nuestra reacción, nos llamó para decirnos que tenía que hablar con el conductor para preguntarle (eso entendí yo) para llevarnos a Mestia. En un momento nos empezaron a decir que no había problema y que el precio para llevarnos a los dos, junto a las bicis, hasta Mestia serían 120 laris, 20 más de lo normal. Creyendo que esa era una buena oportunidad para resolver nuestro problema y recorrer los casi 500 kilómetros de subida hacia el norte y el interior del Cáucaso, aceptamos la oferta repitiendo una y otra vez nuestro acuerdo de llevarnos hasta Mestia. Para asegurarnos de no tener ningún problema con el trato, realicé varias fotografías al coche y a su matrícula. El camino hasta Qutaisi no tuvo más que carretera, sueño y una parada a una panadería que había en la carretera que tenía pan recién hecho de diferentes tipos: como de manzana, que estaba buenísimo. En la ciudad de Qutaisi, y ante nuestra sorpresa, nos cambiaron de coche y en un abrir y cerrar de ojos nos montaron las bicis, menos la de Javi, que se la llevó un señor, sin entender lo que decía. En el desconcierto, el antiguo conductor con el que habíamos pagado y llegado al acuerdo se despidió. Nosotros pensamos que el nuevo coche estaba al tanto del acuerdo llegado con el coche anterior. Por cierto, la bici de Javi volvió a aparecer en otra estación próxima al trueque. Al cabo de un rato nos volvieron a mover a otro coche sin entender muy bien qué pasaba y nos encontramos subidos en un nuevo transporte con dirección a Mestia. Lo que más temíamos ocurrió: a pocos kilómetros después de iniciar la marcha, el ayudante del conductor nos pidió 100 laris, otra vez, por todo. En ese momento estallamos advirtiéndole al señor, educadamente, que ya habíamos pagado en el anterior coche y que no volveríamos a pagar nada más ya que nos habían prometido una y otra vez llevarnos hasta Mestia. El ayudante se quedó blanco sin entender muy bien qué le estaba diciendo. Un chico americano, que habíamos conocido unos instantes antes, nos intentó ayudar indicándole, en georgiano, el problema que teníamos. Pero el hombre, al ver que no pagábamos, se empezó a poner nervioso. Yo, para tranquilizarlo, le enseñé las fotos que había realizado al coche con el que habíamos llegado al trato justo antes de partir. En ese momento empezó a hacer llamadas y a preguntar por el dinero que les debían, pero no sirvió de nada y en el siguiente pueblo, Zugdidi, nos bajaron las bicicletas y nos dijeron que sin dinero no seguíamos. Justo en ese momento y, casualmente, vimos un coche de policía que patrullaba la zona. Nosotros nos apresuramos a llamarlos. Les explicamos todo lo que sucedía, con la ayuda del otro señor del autobús que nos podía traducir al georgiano nuestros argumentos. Les explicamos a los policías, a través de este señor, que no entendíamos por qué nos cobraba otra vez el nuevo transporte en el que nos habían metido. Suponíamos que no tenían la culpa; pero que nosotros ya habíamos pagado el trayecto hasta Mestia enseñándoles las fotos del verdadero culpable: el del primer coche que nos prometió el destino, al cual ya habíamos pagado y por un precio mayor de lo normal. A partir de ese momento, la policía inició una investigación en la que estuvimos un par de horas esperando fuera del autobús y en la que todo el mundo quería dar su opinión. Hubo un momento que creíamos que saldríamos mal de ese pueblo ya que teníamos 30 georgianos a nuestro alrededor e incluso me fijé que alguno llevaba bajo el cinturón pistola. Al cabo de ese tiempo, la policía nos llevó a nosotros, al traductor y al conductor a la comisaría para aclarar todo lo ocurrido. Nos cogieron las bicis y llegamos al cuartelillo. Estuvimos tres largas horas esperando a que nos dijeran algo en la comisaría. Al final, un policía, empezó a pedirnos los datos y a escribir en un papel todo lo sucedido. El mismo policía nos dio dos opciones: una volver al pueblo anterior e investigar todo lo sucedido durante unos días y poder recuperar el dinero o que el mismo coche nos llevara a Mestia, el destino por el que habíamos pagado y sin ningún cargo más. Evidentemente decidimos seguir hasta nuestro destino y, después de firmar unos papeles, nos volvieron a llevar hasta el autocar donde nos volvieron a subir las bicis y volver a reanudar el camino. Esta vez sin incidentes, llegando sobre las 7 a Mestia. Una vez allí, buscamos un guest house barato, pagando 15 laris cada uno. Cenamos en casa de una señora, comida de la región, por otros 15 laris. Después de eso, como nos habíamos levantado muy temprano y pasado tantos nervios, nos fuimos a dormir.
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