INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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Bien amanecido en el suelo del área de descanso. Las personas a mi alrededor iban murmurando señalándome mientras me veían detrás de la bicicleta en el espacio del pícnic, entre dos banquetas. Aunque era poco estético, resultó ser un buen lugar para pasar la noche y descansar para otro día de bicicleta recorriendo más kilómetros. Antes de eso, me aseé en el baño del área, en el que incluso había agua caliente y papel sanitario, algo nuevo después de cruzar todo el sur de América. Ahí comí un poco para despedirme del primer lugar en Estados Unidos en el que me había dado un suelo para dormir en la noche, empezando el típico proceso de adaptación y encontrando así las estrategias adecuadas para dormir seguro y sin pagar. De ahí, kilómetros y más kilómetros de llanuras con poca pendiente, pero con el viento molestando a media mañana. Algunas fotos y, como siempre, mi rutina de parar cada 25 kilómetros, primero para el tiempo de los frutos secos y después para el almuerzo en una gasolinera con supermercado HEB, donde compré algunas cosas, ya con los precios por las nubes y sufriendo un poquito más... Siguiendo con un buen sol, no demasiado caliente, continué rematando el día hasta los 130 kilómetros, casi llegando a San Antonio; pero como no quería entrar a la ciudad, preferí empezar a preguntar y volver a buscar una nueva estrategia para esa nueva situación, para saber dónde podía encontrar sitio donde dormir o acampar gratis. Después de un rato de buscar y preguntar, unos chicos me dieron una dirección de un camping, que no sabían si era del todo gratis... Con el atardecer ya en la nómina de fotografías, acabé encontrando el campsite y unos chicos, en carro de golf, me dieron la bienvenida para después comentarme que valía 25 dólares la noche. Con un poco de sorpresa, les dije que no podría pagarla y si me podían recomendar otro lugar. Aún así, la chica me quiso ayudar y habló con el jefe; después de negociar un precio, ya me lo dejó gratis, dándome las instrucciones pertinentes para buscar la zona de acampada al lado del río. Ya de ahí, me metí a una zona boscosa para encontrarme cara a cara con multitud de bambis. Los ciervos paseaban a sus anchas por la zona, maravillándome y deleitando de lo acorde con la naturaleza. Con el tiempo justo de luz para montar la tienda, buscar madera para hacer una hoguera y cocinar pasta, ya debí correr. En un momento, lo dejé todo listo, fuego incluido, llenándome a gusto con otro platazo de pasta con mole que me había sobrado de ayer. Ya relajadamente, en medio de la noche y simplemente tratando de tomar contacto con el entorno, me fijé en la luna llena asomando entre ese espeso bosque. Tanto me relajé que me metí en la tienda. Estaba cansado; pero eso se me quitó con las sorpresas de tres arañas, cada cual más grande, que iba matando hasta llegar a la tercera. Una matanza sin compasión y con algo de miedo. Aunque me costó descansar bien después de ese pequeño accidente aracnofóbico y cada vez que me giraba sentía una araña imaginaria en cada rincón de mi cuerpo. Al final, concilié el sueño ayudado por el cansancio acumulado. Estados Unidos ¡Qué bonito que estaba! y no acababa más que empezar... |
