Antes de partir
Antes de emprender la vuelta al mundo en bicicleta pasé varios meses preparando el viaje. Me documenté sobre los países que quería recorrer, estudié posibles caminos y fui descubriendo lugares que soñaba con visitar.
Poco a poco, entre mapas, lecturas e información de otros viajeros, fui dibujando una ruta aproximada que me permitiría dar la vuelta al planeta. Sabía que el camino podía cambiar y que muchas decisiones las tomaría sobre la marcha, pero necesitaba un punto de partida para aquella gran aventura.
La partida

El 12 de octubre de 2013 llegó por fin el gran día. Después de tantos meses de preparativos, mi vuelta al mundo en bicicleta comenzó en la plaça d'Osca, en el barrio de Sants de Barcelona. Allí me esperaba una despedida que nunca olvidaré: familiares, amigos y numerosos vecinos se acercaron para acompañarme en aquel momento tan especial.
Entre abrazos, fotografías y una entrevista de Sants 3 Ràdio, la mañana pasó volando. Poco después del mediodía me subí a la bicicleta y emprendí el camino, acompañado por varias decenas de ciclistas que pedalearon conmigo por la calle de Sants, la plaza de España y la Gran Via, hasta alcanzar la costa del Mediterráneo.
Tras una última comida de despedida en Vilassar, continué pedaleando hacia Girona, donde me esperaba otra sorpresa organizada por mis amigos. Aquella primera jornada fue mucho más que el comienzo de un viaje: fue una demostración de cariño y apoyo que me acompañaría durante toda la aventura.
Rumbo al Mediterráneo oriental
Durante los últimos meses de 2013 dejé atrás Barcelona y fui aprendiendo a vivir al ritmo de la bicicleta. Francia fue el primer territorio nuevo: Perpiñán, Narbona, Carcasona, la Camarga y Marsella me ayudaron a entender que la ruta no sería solo avanzar, sino también detenerme, aceptar invitaciones y acostumbrarme a que cada día trajera una historia distinta.
Después crucé Suiza bordeando el lago Lemán y atravesé Italia entre Milán, Verona, Marostica y Venecia. Hubo lluvia, carreteras oscuras y una acampada en una casa abandonada antes de entrar en Croacia. Allí llegaron Plitvice, Zadar, Split y Dubrovnik, junto a los primeros encuentros que hicieron más llevaderas las jornadas de pedaleo.
La ruta siguió por Montenegro, Albania y Macedonia, con nieve, cuestas y cambios de paisaje que exigían más paciencia que planificación. En Grecia encontré Meteora, Delfos y Atenas; allí pasé mi primera Nochebuena lejos de casa antes de embarcar hacia Creta.
El año terminó entre los caminos y la gastronomía de la isla, después de haber llegado hasta Plakias y Rethymno. La Nochevieja de 2013 la pasé en Rethymno, en Creta.
De los Balcanes a las islas de Indonesia
Empecé 2014 dejando atrás Rethymno y Creta para volver a la Grecia continental. Athos, Delfos y Atenas habían quedado en la ruta del primer año, pero el camino seguía hacia Turquía. Estambul, Esmirna, Éfeso, Pamukkale, Antalya y Capadocia fueron etapas de una travesía en la que también hubo accidentes, reparaciones y días enteros pendientes de que la bicicleta volviera a estar lista.
Después llegaron Georgia y Azerbaiyán, con visados, esperas y cambios de planes antes de cruzar el Caspio. El desembarco en Kazajistán abrió una larga etapa por Asia Central, entre Almaty, Bishkek, el lago Issyk Kul y Osh. Entre el Pamir, la nieve y los trámites, aprendí que la ruta a veces dependía tanto de una frontera o de un papel como de las ganas de pedalear.
Volé desde Kirguistán hacia India y seguí por Delhi, Agra y Varanasi, donde también dediqué tiempo a un orfanato. Nepal me llevó de Katmandú a Pokhara; después crucé el Tíbet y China, pasando por Lhasa, Chengdu, Pekín y la Gran Muralla. El viaje continuó por Corea del Sur y Japón, antes de regresar a China y seguir hacia Hong Kong y Guangzhou.
En el tramo final recorrí Vietnam, Camboya y Tailandia: la bahía de Halong, Hoi An, los templos de Angkor, Bangkok y las islas de Koh Tao y Koh Phangan. La península malaya, Singapur y el ferry a Indonesia fueron el paso previo a Sumatra, Java y el monte Bromo, donde pasé la Navidad entre paisajes volcánicos.
Los últimos días del año llegué a Bali tras cruzar Ijen y seguir pedaleando bajo la lluvia. Pasé la Nochevieja de 2014 en Denpasar, Bali.
De Oceanía a Centroamérica
Comencé 2015 aún en Indonesia y pronto puse rumbo a Australia. Allí alterné carretera y trabajo en Ayr, antes de seguir hacia Sídney y tomar el vuelo a Nueva Zelanda. La bicicleta volvió a marcar el ritmo entre Auckland, Wellington y la isla Sur, con lluvia, viento y montañas que hicieron cada jornada distinta.
Desde Auckland llegué a Chile después de un viaje larguísimo. Preparé de nuevo la bicicleta en Santiago, crucé hacia Valparaíso y los Andes, y entré en Argentina. Entre Mendoza, Córdoba e Iguazú encontré la hospitalidad de la ruta, largas distancias y unas carreteras que no siempre ponían las cosas fáciles.
Brasil me llevó por la costa hasta Río de Janeiro; después pasé a Bolivia, con Potosí, Uyuni, el salar y La Paz. En Perú seguí por el lago Titicaca, Cuzco, Nazca, Huacachina y Lima, antes de avanzar por Ecuador entre Quito, la Amazonía y sus comunidades.
En Colombia atravesé Cali, Bogotá, Medellín y Cartagena. Desde allí dejé Sudamérica en un velero rumbo a Panamá y continué por Costa Rica, donde pude compartir parte del camino con mi familia y pasar tiempo junto al Pacífico antes de cruzar a Nicaragua.
El año acabó entre Nicaragua y El Salvador, todavía con la bicicleta como casa y transporte. Pasé la Nochevieja de 2015 en San José Gualoso, El Salvador.
El regreso a casa
Comencé 2016 en El Salvador y seguí por Guatemala, donde alterné carreteras, reparaciones, entrevistas y días en Antigua, Atitlán y Tikal. Después crucé Belice y entré en México por el Caribe, pasando por Tulum, Chichén Itzá, Ciudad de México, San Luis Potosí y Monterrey antes de alcanzar la frontera estadounidense.
En Estados Unidos recorrí desde Texas hasta Nueva York, con paradas en Houston, Nueva Orleans, la costa atlántica y Boston. En Acushnet pude descansar unos días con mis tíos segundos, Laura y Richard, y compartir también tiempo con mi familia. Después crucé a Canadá, pasé por Montreal y Quebec, y desde allí tomé el rumbo hacia Marruecos. La última etapa africana me llevó por la costa, Marrakech y Chefchaouen antes de volver a la península.
Pedaleé por Andalucía y Portugal, pasando por Lisboa y el interior portugués, hasta acercarme de nuevo a la frontera española. En La Redonda, Salamanca, recibí el cariño de mi pueblo después de casi tres años de viaje y pasé allí unos días durante las fiestas.

Tras esos días en La Redonda, como acostumbraba a hacer cada verano, volví a subirme a la bicicleta y pedaleé por España hasta Barcelona. El 29 de septiembre de 2016 terminé en la misma plaça d'Osca de Sants desde la que había partido el 12 de octubre de 2013.
Habían pasado 1.083 días desde aquella mañana en que salí de Barcelona con la bicicleta cargada de sueños y unas cuantas alforjas. Atrás quedaban 49 países, 57.722 kilómetros y una vuelta al planeta que me había llevado por lugares que antes solo conocía en los mapas. Había regresado al punto de partida, pero después de todo lo vivido, ya no era exactamente el mismo que había salido de allí.
Explora la ruta completa
Una cosa fue la ruta que imaginé antes de salir de Barcelona y otra muy distinta la que acabé recorriendo. Durante casi tres años, el camino fue cambiando con cada decisión, cada encuentro y cada nuevo destino.
En este mapa puedes explorar mi recorrido real, seguir las diferentes etapas y descubrir los lugares por los que pasé durante la vuelta al mundo.