INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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Me desperté al mismo tiempo que el padre, recogí las cosas, desayuné un pan con aceite para coger energía y subir las primeras cuestas y con el fresco de la mañana aproveché para hacer kilómetros. Calor, pero sin ser demasiado exagerado, con muchos kilómetros a mis espaldas aunque quería aprovechar ese día que parecía dar una tregua. Aún y así, los trapos mojados envolvían mi cabeza para que no ocurriera lo mismo que hacía un par de días. Para comer encontré una tienda de alimentación en medio de la nada y ahí, con algo de esfuerzo, les pedí pan y agua para comer con mi comida que aún tenía las sobras y poder continuar con mi viaje. Como anécdota: al cabo de un rato unos señores se unieron a la tienda de alimentación fumando hachís y preguntando por mi viaje y regalándome agua congelada para seguir el viaje de la mejor manera posible. Ya continué hasta la ciudad de Sidi Slimane donde pregunté por un lugar por dormir. Ahí me recomendaron como la anterior vez ir a Gendarmería. Sin familias agradables a mi alrededor me tocó llegar hasta allí y preguntar a ver si cabía la posibilidad de tener un lugar seguro donde dormir. Me lo pusieron bien difícil y suerte a mi habilidad para sacar cosas positivas porque si no me dejaban en la calle. Uno de ellos se interesó sobre mi predilecto, al escucharme un poco, le pidió a su jefe que me encontrara un lugar. Me estuvo buscando un sitio y, aunque al principio volvía a quedarme en la calle delante de la casa de uno de sus amigos, al final otro cuartel quiso dejarme acampar en su patio cerrado y vigilado. Con los guardias de buen rollo ya acampé. Me dejaron ducharme con un típico cazo de agua fría que me venía de perlas y cocinar algo sin poder hacer la pasta que me apetecía por culpa de no tener gas ni poder encender una lumbre, con lo que me comí una sopa fría y pan que aún me sobraba con queso y mortadela. |
