INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
|
Viaje cómodo y sin sobresaltos, aunque con jet lag, del vuelo que me llevaba de Montreal, Canadá, a Casablanca (Marruecos) en 6 horas y 30 minutos, ya que salí sobre las 22:50 (hora canadiense) y llegué el día siguiente sobre las 10:00 (hora marroquí); y, como siempre, dormir en el avión es insufrible y yo nunca puedo. Al bajar del avión, el calor infernal y húmedo imperaba en el aire, junto a una bruma de humedad o polución que filtraba el sol. Cogimos un autobús hasta el aeropuerto y nos hicieron el chequeo pertinente con una hora de cola y sin mayores problemas. Después tocó recuperar la caja de la bici y las alforjas, que no fue difícil, y por suerte no faltaba nada de nada. Lo monté todo tardando otra hora, saliendo a las 12, algo tarde. Para rematar, los de seguridad me tomaron una broma diciendo que metiera la bici en los rayos X. Muy graciosos ellos. Para salir, llené los bidones con agua y me conecté al WiFi para avisar de que todo estaba bien. A partir de ahí, cansadísimo como estaba, tocó seguir al GPS para que me indicara la salida del aeropuerto y me direccionara hacia El Jadidi, donde quería parar en esta primera etapa por Marruecos. Con las primeras sensaciones, algo difíciles por el calor infernal que hacía y con mi cuerpo acostumbrado a las temperaturas de Montreal, poco a poco me fui haciendo mientras pedaleaba entre caminos, también algo diferentes a los que había estado circulando durante los últimos tres meses. Entre caminos de asfalto con baches, surcando campos de campesinos humildes, me fui abriendo el camino, comiendo en un supermercado de estos pequeños que también había olvidado y con el que tampoco me entendí; pero por lo menos comí algo hasta que toqué la costa. Ya era de noche y es que salir del aeropuerto tan tarde y tan cansado me había demorado todo el plan; pero por suerte había conseguido llegar al objetivo final, aunque aún faltaba lo más difícil: conseguir alojamiento y, con lo hecho polvo como estaba, no tenía ganas de luchar demasiado. Empecé preguntando lo de siempre, lugar gratis o económico donde dormir, pero nadie me entendía en inglés y menos en español, ya que aquí se hablaba árabe y, como mucho, francés... Después de adentrarme al centro, que por cierto lo tenían iluminado de una manera espectacular, volví a preguntar a otro señor, que entendiéndome, me dijo que gratis no encontraría nada, si no es que tenía mucha suerte, y que lo más barato era un hotel llamado Óscar con el que podría negociar. Volviendo a lo de negociar, que ya lo había olvidado y lo tenía algo oxidado, me presenté al encargado del hotel, que hablaba un poco de inglés, y después de una dura negociación, llegamos a un trato que, para las horas que eran, las 23 de la noche, no estaba nada mal. Me acomodé, dejé la bici en un lugar seguro donde me recomendó el señor y salí a cenar algo. La ciudad de El Jadidi es increíble, al lado del mar y con un montón de gente arriba y abajo entre la playa y el paseo marítimo, del cual tomé algunas fotografías de esa intensa actividad que, suponía, que solo pasaba en verano. Después me metí en el mercado donde la gente vendía como podía, apelotonados y sobre cualquier superficie, como encima de los coches, todo lo que pudiera vender. Después estaban los puestos callejeros de bocadillos, donde preparaban barbacoa de pinchos de carne de ternera; cerdo no pueden comer por la religión, y con todo un poco de ensalada, tomate y cebolla que, por cierto, estaba tremendo y me recuperaban de un día intenso de bicicleta. Para finalizar, acabé dando un paseo adaptándome a la actual circunstancia y volví al hotel para darme una ducha y dormir que, con el jet lag, estaba que los ojos se me caían y soñando que llegué al África, pasé la noche larga en la que nada ni nadie pudo despertarme. |
