INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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Desde el puente de Washington, justo al norte de Nueva York, hasta el Empire State, situado casi al sur, recorrí andando el inmenso espacio pasando por calles típicas como Broadway, edificios míticos como el Rockefeller y parques magníficos como el Central Park e inundando mi memoria con el increíble y fuera de serie: Times Square. Puedo decir que la mañana fue aprovechada al máximo, caminando unos 12 kilómetros desde que me levanté hasta las 6 de la tarde, hora que quedé con Adnan para la salida de su trabajo. Hasta ese momento viví un sueño entre todos esos mega edificios, tan altos, que se vislumbran desde la miniatura del ser humano y se elevan hasta el cielo. A partir de quedar con Adnan ya fue distinto y no menos bueno, ya que él, junto a su amigo y compañero de trabajo, Raúl, fuimos en metro hasta el famosísimo puente de Brooklyn. Un atardecer mágico encendido por el sol cayendo entre esos edificios brillantes y ese puente mítico que ahora lo podía contemplar con mis propios ojos. Para rematar con la gran ciudad de Nueva York, Adnan me invitó a unas hamburguesas de McDonald's entre esa gran cantidad de luces, maquilladas de colores, que sólo Nueva York puede ofrecer. Un final de espectáculo como ese sólo podía pasar aquí, en Nueva York. |
