INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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Lluvia fina que no se detiene. Esa que empapa sin cesar y que reduce la espectacularidad del paisaje. Lluvia fina para salir de Washington con una media sonrisa. Esa que consiguió Jessica al obsequiarme con un buen desayuno y comida para el viaje. Una mueca de resignación, esa que consiguió el tiempo al recorrer esa cantidad de kilómetros, subiendo y bajando las cuestas de Washington y dejando la ciudad atrás para el recuerdo. No hay más tiempo que el presente; pero lo que queda atrás no son recuerdos, son las gotas de esta lluvia fina que no cesa y en cada momento me recuerda que estoy haciendo algo duro y que no siempre es tan divertido. La sonrisa empieza de nuevo, después de la comida de arroz que Jessica me diera. Por fin dejó de llover, aunque sólo sería por un ratito. Pude recorrer unos cuantos kilómetros hasta que un puente me detuvo y, con las nubes de vuelta, empecé a buscar un techo donde albergar esa nostalgia de soles pasados. Después de una serie de personas que me encontré por el camino y que decidieron que lo mejor era dejarme en la calle, empapándome y sin calor de hogar, ya encontré a Jey, un chico muy bueno. Empezamos charlando sobre la aventura ciclista de sus padres, los cuales ahora se encontraban pasando por Nueva Zelanda. Con una serie de dudas, la lluvia fina le hizo recapacitar y darme un techo en el porche donde estar sin mojarme por el momento hasta que él regresará del trabajo. Sin la lluvia fina que recorría otros cuerpos, ya me relajé hasta que Jey volvió. Una vez ahí, me invitó a una cerveza, me dejó darme una ducha caliente y me ofreció una pizza mientras veíamos las finales de la NBA: Cavaliers contra Golden State. Todo eso espaciado con un pinchazo que me di cuenta al mover la bici y una rotura de radios para rematar ese día de lluvia fina del que siempre podré decir que el final técnico se recuperó en la prórroga teniendo un lugar seco y confortable donde dormir: el porche de un buen amigo. |
