INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
|
Sorpresas... muchas... La primera y la que más ilusión me hizo fue la esperada sorpresa de ir a un partido de los actuales campeones mundiales de béisbol, que precisamente ya he hablado anteriormente y que se llaman los Royals de Kansas City. Pero el día aún estaba recién empezado y aún habían otras sorpresas en forma de aprendizaje y es que Bob nos invitó a conocer su empresa de aviones, sus aeropuertos y todo su plantel, además de comer una buena pizza acompañado de un chico muy interesante, llamado John Hawks, el cual me quiso entrevistar para su periódico digital de Ottawa Newspaper. Con una mañana, pasando por un drive thru de un banco con Dave, siguiendo hacia uno de los aeropuertos de Bob, vimos de cerca los aviones, jets supersónicos desmontados y helicópteros fabulosos, biplanos en prácticas, hasta que a la hora de comer terminé viendo esa gran pizza de la que os hablé y conversando con el periodista en cuestión. Esa gran experiencia de ver tantos aviones, conocer a tanta gente relacionada, aprendiendo de ellos y vivir un día total de vuelo, junto a un maestro como Bob, fue una auténtica gozada. Ver un cementerio de aviones, que jamás había tenido el placer de ver, con cientos y cientos de ellos esparcidos por la gran explanada verde y a la vez ver tanto deporte junto en estado puro americano, fue la absoluta realidad americana de la que se pueden decir cosas malas; pero que a la vez te das cuenta de lo evolucionado que está todo. Y de casa de Bob, para recoger a su esposa Pamela, para seguir a Kansas City y llegar, junto a Dave y Luisi, hasta el esperado béisbol. El deporte americano por concepción, junto al fútbol americano y al hockey sobre hielo. El béisbol en sí, puede resultar lento y largo; pero si empiezas a conocerlo y a simpatizar con el equipo en cuestión te emociona tanto que al final ya no sientes el frío del estadio, como me pasó a mí hasta que a la hora y pasado el éxtasis principal, me pude relajar del todo. Un millón de fotos sacando a los jugadores más conocidos, mientras comía hamburguesas y chocolate caliente con Bob y Dave. Arriba, en la zona de restaurantes estaban Pam y mi tía Luisi, disfrutando de una pizza y de unas vistas desde lo alto. Gritos, euforia y a la vez tranquilidad y sosiego, en un deporte que lo tiene todo menos agresividad, mucho fair play, lo cual me gusta mucho. Un deporte en el que hay que batear la bola bien lejos para conseguir un home run. Ese deporte en el que uno se juega el honor de tirar la bola sin que la consiga batear ningún jugador del equipo contrario sacando strikes y otro el orgullo de golpear esa bola que va a más de 150 kilómetros por hora y enviarla a la otra punta del estado dando vueltas y consiguiendo carreras, o sea, los ansiados puntos. Mucha emoción en esa jornada que acabó llevándose la victoria Kansas City y, como colofón, el tiempo pasado allí con mis tíos. Me parecía impresionante todo lo que había disfrutado y aprendido esos días, pero la realidad de mi viaje volvía a acercarse sin remedio y con ilusión ???? siempre con una sonrisa de vuelta a la realidad del cicloturista y sin olvidar mi tiempo gozado... |
