INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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Se despertó su familia y todos juntos fuimos a desayunar una birria. La birria es, en la gastronomía jalisciense, un plato a base de carne de borrego (aunque en algunas regiones se prepara con carne de chivo), preparado en salsa de muchas especias y chiles cocinados al horno. Tradicionalmente se hornea en tierra. Se hace un hoyo, al fondo, se acomodan piedras, previamente calentadas; sobre de ellas se pone la charola o cuenco de barro que estará recubierto con hojas de maguey y sobre de las hojas se pone el chivo y su adobo de chiles. Se tapa el cuenco de barro y se cubre con tierra por 4 ó 5 horas. También se puede hacer en horno de gas o de leña. Las especias incluidas en la salsa son: laurel, pimienta, tomillo, ajo, orégano, jengibre, ajonjolí, mejorana, jitomate y cebolla; se agrega chile seco, llamado puya o guajillo. La carne se sirve en plato hondo, bañada con la salsa resultante de su cocción y se puede enriquecer con cebolla picada (cruda), salsa roja de chile de árbol y limón. Se acompaña con tortillas de maíz y frijoles refritos. Después de ese manjar rodeado de gente maravillosa, volvimos a su casa a esperar que Eduardo y Rosina llegaran y de ahí preparé un gazpacho al igual que en el día anterior que acompañó otro platazo tremendo: una enchilada buenísima y se podría decir que en tema gastronómico ya estaba todo probado; pero es que nada más acababa de empezar... Entre trabajo en la computadora subiendo fotografías y charlas distendidas entre todos, acabé la jornada en casa de Adán y su familia, dejando el teléfono para que subieran más fotos. Cogimos la bici y subí a la camioneta de Eduardo y Rosina para llevarme a la siguiente parada gastronómica, ya que Luis Fernando me había invitado a cenar junto a su novia, Yadira, su mejor amiga, Alejandra, y su marido, Alejandro. En el barrio de Coyoacán y en el restaurante de los Danzantes, saboreamos esta gastronomía mexicana fabulosa con chapulines, unos saltamontes, con guacamole, también hoja santa, entre otras cosas riquísimas. Una velada en un lugar histórico en el que los españoles se habían instalado, después de la noche triste, en la que los aztecas atacaron a los españoles de forma indiscriminada. Después nos quedamos Luis Fernando y yo solos para recorrer ese barrio clásico y muy colorido, abarrotado de leyendas mágicas y mucha historia: Se sabe que la población de Coyoacán fue fundada por los colhuas de Culhuacán, quienes, en el siglo VII (hacia el 670 d.C.), la tenían como tributaria. Aunque poco después recobró su independencia, más adelante fue subordinada de los tepanecas de Azcapotzalco y terminó sometida por el imperio mexica. Los bellos paisajes que ofrecía Coyoacán, “lugar de quienes tienen coyotes”, con sus abundantes manantiales, huertos, sembradíos y flores multicolores, sedujeron a Hernán Cortés, quien estableció aquí el primer Ayuntamiento, que regiría brevemente la capital de la Nueva España tras la conquista de Tenochtitlan. Franciscanos y dominicos se encargaron de evangelizar el lugar: pequeñas capillas y hermosos templos fueron levantados junto a grandes mansiones barrocas que aún están en pie. Entre los acontecimientos importantes que tuvieron lugar en esta zona en el siglo XIX, está la Batalla de Churubusco contra Estados Unidos. Sin embargo, en los años treinta del siglo XX, Coyoacán seguía siendo un pueblo pintoresco, compuesto por sus haciendas, ranchos y zonas ejidales; esto lo llevó a ser reconocido como Zona Típica y Pintoresca el 5 de octubre de 1934. La vocación cultural de Coyoacán se forjó a lo largo del siglo pasado, cuando una serie de artistas, escritores, historiadores y científicos hicieron de este sitio su punto de reunión y algunos, incluso, se mudaron a vivir aquí. Anécdotas del lugar Por su ambiente mágico, su vegetación abundante, su tranquilidad y sus características provincianas, llegaron a residir en la antigua villa de Coyoacán numerosas personalidades de la talla de los escritores José Juan Tablada y Rubén M. Campos, el pionero investigador del arte mexicano Manuel Toussaint, el maestro y gran cronista Salvador Novo, el destacado pintor José Chávez Morado, los renombrados artistas Dolores del Río, Emilio “Indio” Fernández, Frida Kahlo, Manuel Álvarez Bravo, Diego Rivera, y el exiliado político León Trotsky, entre muchos otros. |
