INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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Todo en la vida necesita un poco de perspectiva para ser apreciado; pero desde cuatro mil metros de altura no se requiere más que de la vista para admirar la belleza natural de Guatemala en todo su esplendor. A una hora de la ciudad capital y a 45 minutos de Antigua, la ciudad desde la cual salí, y bajo el manto de nubes caprichosas entre Sacatepéquez y Chimaltenango, yace, generalmente escondido, un gigante verde: el Volcán de Acatenango. Es el tercero más alto de Guatemala y, por las razones que os contaré, a partir de ahora es mi preferido y el de miles de montañistas nacionales y extranjeros que, una vez han visto el cielo desde su cima, prometen regresar a contemplar esa vista inigualable, dándose ya como integrantes del mundo del montañismo. Esta aventura no solo me ha puesto al límite de mi capacidad física, sino que también de la mental. Soportar temperaturas bajo cero con los músculos doloridos mientras duermes sobre piedras puede que no sea nada interesante para quienes no hayan experimentado aún este desafío; pero, para todos aquellos que han sobrevivido a las cumbres de este volcán, este es el precio que se paga por una experiencia inolvidable. Nada más salir el sol inicié mi capítulo del Acatenango adventure. Recomendado por los transeúntes que paseaban por Antigua, sobre las seis de la mañana cogí un chiken bus con dirección a Dueñas, que me costó 4 quetzales y, aunque la salida se demoró un poco, llegué allá sobre las 7. Una vez allí, el copiloto con el que había entablado conversación en mi viaje me recomendó que hiciera autoestop hasta el pueblo La Soledad, desde donde se iniciaba la ascensión al volcán. No me costó demasiado encontrar un coche que me subiera hasta allí, ya que un buen señor, que iba hacia sus fincas de café, me recogió. Una vez en el comienzo del trekking, un montón de vendedores me asaltaron, literalmente hablando, para que comprara alguno de los objetos que consideraban necesarios para la caminata: guantes, bastones, agua, entre otras cosas. Me los quité de encima como pude e inicié mi travesía... Normalmente recomiendan a todo el que sube al volcán que se haga con un guía experimentado por si te pierdes o para conocer los caminos apropiados. Al ser sábado, muchas personas se habían acercado para el fin de semana, con lo que me aproveché de ellos para seguirles en las zonas más complicadas disimuladamente. Estos grupos que se iban con susodichos guías. En la subida se puede ver hasta tres tipos de vegetación. Las primeras pendientes, con arena resbaladiza, me llevaron entre campos de cultivo y unas vistas del valle impresionantes. La segunda zona pasaba por un bosque tropical lleno de árboles enormes entrelazados entre sí, obstaculizando, con sus extravagantes formas, el camino. La tercera era un área de pinos, la mayoría muertos, en el que ya se podía alcanzar a ver las primeras grandes vistas a los volcanes de Atitlán sobresaliendo de las nubes. Allí conocí a Rick y a Nora, unos holandeses viajeros que también habían usado alguna vez la bici como transporte. Con ellos hubo una inmediata conexión y de ahí empezamos a andar juntos. Seguimos con las subidas hasta que un desvío nos hizo dudar. Un señor muy amable, con el que charlé un rato, me comentó que el camino que se iba a la derecha era el camino del Volcán del Fuego y el que seguía a la izquierda, el normal, del que se podía ver el Volcán del Agua. Junto al coloso volcán de Acatenango, al sur, se encuentra su hermano, el Volcán de Fuego, el cual proporciona una vista asombrosa, mezcla de fuerza y tranquilidad por la actividad volcánica que deleita con rojos asombrosos por la noche. Por eso y las recomendaciones que ya me habían hecho, continuamos por el sendero de la derecha. Ambos se unen por un área transitable llamada 'La Horqueta', desde la cual se visita un bosque antes de alcanzar las escasas partes amistosas de las faldas del Volcán de Fuego; pero esa era otra historia de la que no queríamos saber nada por las constantes erupciones del mismo y que lo hacía muy peligroso. Continuando por el sendero indicado, empezamos a escuchar fuertes bombazos que provenían del mismo volcán. Con ansias de verlo de una vez por todas, aceleramos el paso hasta que, por fin, entre las ramas secas de los pinos, pudimos ver esas mayúsculas e increíbles erupciones escupiendo rocas y elevando al cielo sus cenizas. Poco después llegamos a una zona de acampada en la que Nora proclamó su lugar de reposo y en el que las vistas al volcán eran muy claras y cercanas. Desde allí pudimos contemplar con una sonrisa las erupciones que cada 15 minutos se hacían visibles, perfectamente escuchadas y con los temblores de la tierra en cada una de ellas. Al rato, y siendo culo inquieto, me puse a investigar la zona. Al principio Rick me seguía hasta que se cansó y dio media vuelta para volver con su pareja, Nora. Yo continué la subida con ganas de investigar y, caminando campo través porque no encontraba el sendero, llegué hasta el plato, o como se dice en España, la cumbre del volcán. Los ojos se me pusieron como platos, nunca mejor dicho, cuando vi ese maravilloso escenario. La vista desde su cima es incomparable. Se alcanza a contemplar la línea de la costa y el mar, la cual se ve tan cerca que pareciera poder alcanzarse fácilmente mientras adorna la vista detrás del Volcán de Fuego. Una vez arriba, unos locales me hablaron de ese volcán, que denominaron el Volcán Encantado, debido a las espesas neblinas que cubren sus senderos frecuentemente. Son muchos los experimentados montañistas quienes, a pesar de sus conocimientos, se han perdido más de alguna vez, debido a que la visibilidad suele ser tan escasa y, caminando en estas condiciones, los ha retornado a los sembradíos de maíz o los ha llevado a las fincas privadas de los alrededores. Otros, con menos suerte, han caminado perdidos durante horas. También me hablaron que ellos habían subido por otro camino más directo, pero empinado y de mayor dificultad, la ruta de 'Los Cazadores'. Lleva en menos tiempo hacia la cima, atravesando un bosque húmedo y tupido. Me dijeron que se llamaba así por los numerosos cazadores que deambulan por la zona. Rodeando el cráter, a una altura de 3,979 metros sobre el nivel del mar, pude divisar, encima del manto de nubes, varios conos volcánicos como el del Agua y el Pacaya, otro de los volcanes más visitados. |
