INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
|
Como la hacienda de Hugo me gustó tanto, me animé a trabajar para él un día. Por la tarde me dirigí a casa de Alejo, que me lo había ofrecido y me apetecía conocer otro lugar aparte de ese. En la hacienda dimos un paseo para reconocer las numerosas hectáreas que tiene Rosas Pamba y así también disfrutar de los paisajes que adornaban esa parte de la sierra andina. Más tarde empezó el trabajo fuerte y, después de despedirme de Hugo, que tenía que volver a la gran capital, me quedé con Alejo aprendiendo el arte de descornar a las vacas. Aunque a primera vista parece un acto cruel, no lo es para nada, ya que las vacas usan los cuernos para pelearse por los pastos y se hacen daño, al igual que al meter las cabezas entre barrotes se las acaban rompiendo y sangrando. Al final de lo que se trata es de pesar las terneras, desparasitarlas dándoles un jarabe, serrar los cuernos, sellar la herida con un hierro al rojo vivo y aplicarles un ungüento para que cicatrice y cure la herida lo antes posible. Esos sencillos pasos se complican cuando la vaca percibe el dolor y empieza a moverse alocadamente y, aunque se tenga a la vaca bien atada y amordazada, acaban dando patadas a diestro y siniestro. A mí me golpearon varias veces en el pie maltrecho que tengo desde Puyo y me aplastaron las manos varias veces al intentar calmar y agarrar al animal. Estuvimos hasta el mediodía, bajo un sol abrasador y con el esfuerzo físico de tratar de agarrar a las vacas. Después de ese esfuerzo en mayúsculas, la pena de tener que hacer ese tipo de trabajos, pero la ilusión de aprender nuevos oficios. Alejo me invitó a comer una hornada, que es una parte de chancho asado con ensalada, papas y choclo, entre otras cosas. Un plato típico que me pareció bien rico y sabroso. Por la tarde pude desconectar un poco fotografiando los diferentes lugares y animales de la hacienda. He disfrutado con uno de los caballos hermosos de Hugo, justo frente al volcán, paisajes verdes con los contrastes de las montañas, establos llenos de flores tropicales y a niños que quisieron posar frente a la cámara. Con esos niños me pasé el resto de la tarde jugando al fútbol, una especie de baloncesto que jugaban con una pelotita y un pequeño aro. Al finalizar, repartimos la leche entre las vaquitas bebés. Después de eso ya tocó recoger todo, limpiar los recipientes de la leche y subir la bicicleta a la pick up de Alejo. Pasamos de noche una parte de esa inmensa cordillera, llamada los Andes, hasta plantarnos en su casa, junto a su mujer: Fer. Una vez allí, pude darme una ducha caliente y me invitaron a una cena deliciosa de burritos con carne y buen ají, delicioso y que se notaba que estaba hecho con el amor de esas dos grandes personas que me acogieron en mi viaje con su manera de ser espléndida y maravillosa. |
