INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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Después de la paliza emotiva y física del día anterior, hoy tocaba más. Aunque por la mañana quise descansar, al final, preferí pasear por Ipanema, sus playas y su mercado, sacando fotografías por doquier. Después quedé con Andrés por el centro, parándome en la parada de metro de Carioca. Una vez ahí, salimos a comer en un restaurante al kilo, donde coges un plato y lo llenas de comida y luego te lo pesan para pagar, como dice el nombre, al kilo. Una buena idea, pero que sale un poco cara al pagar 15 reales por un platito con cuatro cosas para probar. A continuación, dimos una vuelta viendo el teatro y un monasterio. Fuimos a la empresa de Andrés para ver las vistas que desde allí se divisan y, acto seguido, a tomar café en una cooperativa. La visita continuó andando, viendo poesías de poetas portugueses escritas en el suelo y visitando todo el centro con sus coloridos y, no tan coloridos, contrastes entre la moderna ciudad de los edificios altos y la antigua con sus edificios más coloniales, mezclándose, como por arte de magia, a la película de Up y su casita. Paseamos viendo también alguna fabela más hasta una plaza, donde estuvimos tomando algo, luego escuchando música y comiendo en la calle pinchos, entre multitud de gente. Una pasada de ambiente retratado y vivido en la cámara. Como la noche acababa de empezar, fuimos primero hasta Lapa, luego hasta un puente conocido de Lapa y a ver una amiga de Andrés que nos dio una caipifruta que estaba rica, pero que subía rápido al cerebro. Pasamos por un lugar con escaleras decoradas con baldosas curiosas que fue el trabajo de toda una vida de un artista que mataron en esa misma obra y… para casa a ducharnos y cambiarnos para una pequeña noche de fiesta en la que bautizamos como resacón en Rio. |
