INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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El día más perfecto y más cansado de mi estancia en Río de Janeiro era este... Bicicletada por toda la ciudad disfrutando de los hermosos lugares que uno no se puede perder en Río. Todo empezó recorriendo la playa de Copacabana hasta Ipanema y viendo las vistas desde uno de los miradores que se puede disfrutar de las vistas a los montes y aguas claras de la playa. Después subí hasta el lago Lagoa y recorrí, por su carril bici, sacando fotos a millares pasando por puntos como el lugar donde acuchillaron a un doctor, sólo por la bici, conmocionando a Río de Janeiro con protestas multitudinarias. Luego empezó la subida al lado del jardín botánico, sudando de lo lindo, viendo algún mono y una cascada dentro del parque natural de Tijuca hasta la Vista Chinese, un mirador impresionante desde donde se veía toda la ciudad aunque, por culpa de las nubes, no me dejaron ver todo su esplendor tapándome hasta el Cristo Redentor abrazando Río. Seguí la subida, con hasta un 14 por ciento de desnivel, hasta llegar a un pueblo. De nuevo subir más y más kilómetros, pasando por miradores de la ciudad hasta el mirador donde salían los buses hasta Cristo Redentor donde se compraba el ticket. Los precios eran carísimos y más desde julio que lo habían subido un 35%, una burrada. Estuve intentando convencerlos de que me bajaran el precio hasta que al final me dijeron que subiera en bici hasta la misma base del Cristo para pagar menos allí. En mi subida se unieron un par de holandesas que, al igual que yo, subieron en bici hasta ese punto. Otra subida difícil con buen desnivel y, 30 minutos después, llegamos arriba. El esfuerzo valió la pena. Aunque el Cristo estaba tapado por las nubes, verlo asomar, de vez en cuando, me parecía increíble. Era inmenso. Un poco más pequeño de lo que me había imaginado en un principio y, después de pagar mucho menos que abajo, nos plantamos a sus pies. Tuvimos suerte ya que 10 minutos después de llegar empezó a despejarse. Fue el momento en el cual todos los turistas empezamos a hacer fotos como locos. Las nubes se apartaron definitivamente para dejar ver el otro espectáculo... las vistas a toda la ciudad de Río con sus curiosas montañas, lagos y mar. Impresionante experiencia y fotografías entre la multitud que quedarán más en mi retina que en la cámara. Luego bajamos con las bicicletas, las holandesas y yo. Aunque bajar no fue tan fácil como pensaba ya que, al hacerse de noche, decidimos coger el camino más corto. Tal y como pensaba, Río está lleno de favelas y, sin querer, nos metimos de lleno en la favela de Santa Teresa. Una favela pacífica desde hace tiempo y el lugar donde se rodó el anuncio de Michael Jackson: don't care about you. Aunque sabía que no era muy peligroso el estado de sus casas, la gente que rondaba y el ambiente pedían discreción, cosa que a la vez era imposible al ir bajando sus empinadas escaleras con las bicicletas. Había niños que se juntaban para preguntarnos cosas y recomendarnos que fuéramos por el elevador que en un principio no quise hacer caso. Las chicas me seguían un poco cohibidas y mostrando seguridad y tranquilidad llegamos hasta otro punto donde se podía coger otro elevador. Allí decidimos cogerlo al ver que el laberinto de la favela se nos estaba complicando y, siendo de noche, imponía bastante. Bajamos primero en un elevador y después con otro hasta el barrio de Botafogo. Ya más tranquilos y con carreteras normales para llegar hasta el lugar donde las chicas habían alquilado las bicis. Una vez allí nos despedimos y volví a casa. Pero el día, que ya había sido largo, aún no había terminado, Andrés me dijo que cogiera el metro para plantarme a la estación de Carioca, donde él trabajaba, para ir a una cena con compañeros suyos, Carlos y Federico. Me duché y salí hacia allá. Tardé 30 minutos. De allí volvimos a coger otro metro... llegamos hasta la estación de Maracaná y, justo al salir, me dijo que esto era una sorpresa y que íbamos a ver un partido de fútbol entre el Fluminense y el Santos. ¡Menuda emoción! Era otro sueño que no podía creerme... ver un partido de fútbol en el más grande y emblemático estadio de fútbol del mundo. El colorido y remodelado estadio mundialista de Maracaná. Como preveía, para entrar existían miles de controles. Al entrar, aunque había poca gente, se escuchaba un ambiente ensordecedor e increíble. Las torcidas movían de lado a lado las banderas y cantaban sin descanso. El partido fue algo aburrido y se notaba la falta de calidad, en mi opinión, de los futbolistas; pero fue una gozada esa experiencia que remató el día con una pancarta alusiva a nuestro pueblo de La Redonda. |
