INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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En medio de la ruta cualquier cosa puede pasar y si no, fijaros en este día que empezó temprano para aprovechar que no hacía viento y que quería llegar a hacer 110 kilómetros y ver el partido de la final de copa que jugaban, a las 16:30, Barcelona y Atlético de Bilbao. Empecé con muy buena velocidad sin aire y con algo de bajada; pero a medida que avanzaba la mañana el viento en contra se iba levantando hasta ser algo insoportable. Paré en Villa Mercedes, 40 kilómetros después, para reponer agua y preguntar si había alguna gasolinera o poblado a 60 kilómetros entre allí y Río Cuarto y lo único que me dijeron es que a 70 u 80 estaba San Pancho. Querían llegar a ver el partido, así que empecé a empujar fuerte con la mala pata que ya se había levantado definitivamente el viento y costaba avanzar horrores. Aún así no desesperé. Para comer y descansar me paré al frente de unos arroyos con aves exóticas como: loros, patos o garzas y terminé por completo el jamón serrano que mis padres me habían enviado para mi cumpleaños, untando pan con tomate y grabando un video. Estaba contentísimo con mi bocadillo. Luego continué pasando una mini frontera de la provincia de San Luis a Córdoba. Pasado ese momento ya sólo faltaban tres horas para que empezara la final y parecía difícil que llegara al principio del partido. Pero ¡cómo son las cosas! Ya que mi suerte cambió cuando una pickup, que remolcaba otra pickup, se paró delante de mí y me hizo señas de que me parara. Federico, el conductor, me invitó a subir a su camioneta y, sorprendentemente, me invitó a casa de sus padres, en Río Cuarto, para dormir y cenar asado. Esa era la primera vez, en Sudamérica, que alguien, sin conocerme, me invitaba a algo así. Yo, analizando la situación, me dejé llevar por la aventura y, sí que fue una nueva aventura, ya que... Cuando faltaban 15 kilómetros para llegar al destino, la unión entre las dos camionetas se partió. El hierro, con tanto bache, se había cortado y Federico tenía que improvisar una solución, conmigo de ayuda. Separamos las piezas rotas, no sin algunos problemas con las tuercas. Luego unimos los coches con un solo hierro y con cadenas para que no se rompiera e hiciera juego al girar. El problema fue que al girar la camioneta la de atrás no giraba y se iba recta con lo que me puse como conductor de la segunda camioneta para girar cuando hiciera falta y así, con precaución y despacito, llegamos con éxito y algo de miedo al destino. Reto conseguido. Una vez ahí, descargada la bici y las cosas, Federico me presentó a sus padres, los cuales me recibieron con los brazos abiertos, pero con alguna duda sobre la confianza que podían depositar en mí. Pero eso desapareció pronto cuando supieron la clase de viaje que estaba haciendo. Como decía antes, quería llegar a ver el partido de copa y sí, llegué justito para ver ganar al Barça la segunda competición en lo que iba de temporada. Felicidad que se tornó completa al ducharme y empezar a preparar un asado de pollo, tomar una cerveza Quilmes argentina y degustar los fabulosos vinos, tonel 22, que Federico y Juan, su hermano, me hicieron probar. Una noche increíble que terminó con helado de varios sabores y charlando hasta altas horas sobre el mundo y sobre todo Argentina, cosa que me encantaba para conocer mejor la cultura y la manera de pensar que tienen ellos. |
