INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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¡Ohhh! Por fin un poquito de pausa en la lluvia. Era perfecto para hacer el trekking que teníamos pensado para el día de hoy. Cogimos la furgo después de un desayuno contundente y una buena estirada de piernas y empezamos a cruzar ríos. Ríos cada vez más difíciles de pasar; pero la furgoneta acababa pasando. En uno de ellos se acumularon varios coches sin saber si pasar o no. Un asiático nos decía que si pasábamos él nos seguiría; pero estuvimos tanto tiempo analizando la situación y quitando alguna piedra del río que, cuando finalmente nos decidimos a pasar, él se rajó y se quedó en el mismo sitio alucinando por nuestra valentía y arrojo ante esas situaciones. Continuamos con la furgo hasta un lugar donde empezar el trekking. Dejamos el coche y nos enfilamos con el chubasquero, por si acaso, y comida. Como suponíamos, empezó a llover. El paisaje era espectacular y el glaciar Rob, hacia el cual íbamos, quedaba a dos horas. Nos acercamos cruzando puentes colgantes y subiendo caminos muy húmedos con pequeños ríos a nuestros pies. Poco a poco fuimos subiendo y descubriendo el espectacular glaciar y sus cataratas que brotaban con fuerza del mismo. Era bestial. La cantidad de cascadas hacía algo único de esa vista. Lo único malo: la lluvia; pero aun así disfrutamos de cada detalle de ese espectacular paisaje en el que aprovechamos para comer unas barritas energéticas entre frutos secos. Un momento único junto a personas que me parecían excelentes, tanto en humanidad como en inteligencia, ya que tuvimos extraordinarias conversaciones, tanto a la ida como a la vuelta. De bajada conseguimos reducir el tiempo y llegar a la furgoneta antes de que anocheciera para poder así bajar sin problemas y cruzar los ríos, que antes ya habíamos superado, pero que ya habían crecido un poco con la lluvia para ponernos un pelín más de suspense a la aventura. Finalmente lo conseguimos y llegamos a la carretera y de ahí ya nos dirigimos a Queenstown apremiados por una amiga de Samu que quería pasar la última noche con Samu y Eli juntos. Llegamos a las 8:30 a Queenstown. Un pueblo de montaña parecido a Andorra por su turisteo de tiendas. Encontramos a la amiga, cenamos en uno de los pocos restaurantes abiertos que había en el día de Anzac y fuimos a tomar algo en un bar donde la leña quemaba en el medio del mismo dando un rollo peculiar al ambiente. |
