INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
|
Me desperté con el sonido del despertador del móvil a las 7 de la mañana para abandonar ese lugar antes que me diera más problemas y tuviera que pagar la increíble cantidad de multa de 2000 dólares. A toda prisa y, con el sol encima del mar, tardé poco, o nada, en recogerlo todo y pasar a ver, en frente del área de servicio donde había dormido, la figura de mango más grande del mundo... Tonterías aparte, esto y poco más es lo que tienen en Bowen e incluso en su guía turística lo destacan. En mi bicicleta he sufrido extrañamente algunas montañas y sobre todo el maldito viento que sopla del sur frenando mi marcha constantemente y dejando más energía bajo mínimos. Segundo día de bici, después del parón por trabajo y las condiciones meteorológicas y de carretera ya me estaban poniendo a prueba desgastándome más de lo que mi cuerpo pedía. Sobre los 40 kilómetros he hecho un stop y he comido para recuperar energías. El paisaje era precioso y extraño en Australia; pero no podía disfrutarlo por mi estado físico que pedía parar una y otra vez... así que, a los 10 kilómetros, volví a descansar en Proserpine, otro pueblo más sin nada destacable, aparte de esa preciosa y completa área de servicio con barbacoas eléctricas y agua potable incluidas. Después de un rato y con mejores sensaciones ya, proseguí con total normalidad hasta una gasolinera BP con zona libre de acampada en la que tenía agua y, de manera un poco escondida y alejada, una barbacoa improvisada. Ahora estoy con una vela anti mosquitos tirado en el césped contemplando las estrellas. En este momento me acuerdo de mi pueblo, La Redonda, donde todos los veranos me acercaba hasta las eras para contemplar el mejor espectáculo estelar de mi anterior estancia en España, aunque debo decir que, al tener al pueblo más cercano a 40 kilómetros, se nota mucho... |
