INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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Me levanté fresco como una rosa por la mañana. Para nada me había afectado el dormir en la habitación de la televisión, todo lo contrario, estaba fenomenal. Me puse a recoger las cosas antes de desayunar, con los amigos de Polonia, una perfecta sopa de noodles. Después me puse en marcha con un plan y mucha improvisación. Mi idea era la de subir hasta las plantaciones de té; pero, para empezar la excursión, tenía que llegar hasta una carretera a 10 kilómetros de Tanah Rata, con lo que fui hasta la estación de autobuses. Me dijeron que el siguiente autobús pasaba una hora y media más tarde, con lo que decidí probar suerte y aplicar los conocimientos que los amigos polacos me habían comentado con el autostop. Media hora más tarde, un chico con su esposa me llevaron hasta Brinchang, a cuatro kilómetros del camino que quería coger para llegar hasta las plantaciones. Como ya he dicho con anterioridad, eso eran planes. Luego vino la improvisación y es que, nada más salir de Brinchang, vi un camino que salía hacia uno de los picos de montaña más altos de la zona y que luego bajaba hasta mi idea inicial de las plantaciones de té, con lo que todo parecía estar bien. El camino hacia la cima de esa montaña era realmente difícil, ya que la selva complicaba todo. Las raíces entorpecían la marcha. Te hundías en el barro. A veces, para subir entre raíces una pendiente, tenías que escalar, ya que era imposible subir de otra manera y los bichos se movían entre el musgo y los troncos huecos de la espesa selva. Dos horas y media aproximadas me llevó subir hasta la cima. Una vez allí, otra subida hasta una torre para ver el espectacular paisaje; aunque las nubes y la niebla me limitaban la vista. Luego bajé hasta un bosque de musgo precioso en el que había setas salidas de otro planeta y las raíces verdes se asomaban como puentes alrededor del camino. Seguí bajando por el camino en dirección a las plantaciones de té hasta que me encontré un huerto de fresas. Me dejaron entrar y probé una de esas fresas gratis, aunque no me parecieron muy dulces ni sabrosas. Por fin, y a pocos metros del huerto, divisé la plantación de té. Era impresionante y las fotografías, como en estos casos, empezaron a salir espontáneamente, casi sin querer. Era un espectáculo que sólo se puede entender viéndolo en directo y, aunque las fotos sean bonitas, nunca lo serán tanto como el verlo con los ojos y estar envuelto entre esos paisajes de ensueño. Seguí caminando y con fotos a raudales hasta que encontré un colmenar de abejas en el que se entraba gratis. Bzzzzz, abejas por todos lados, flores a mi alrededor que quitaban el hipo y miel rica, rica, aunque cara, cara para turistas. Me dejaron probar un poquito para degustarla, gracias a mi perseverancia o pesadez. Luego volví a caminar, pero ya con dirección a Brinchang hasta que vi una butterfly farm. Por 5 ringgits entré en un paraíso de mariposas. Eso era un sueño en el que miles de mariposas preciosas volaban alrededor tuyo y se posaban en tus manos sólo con levantarlas. Colores y más colores. Veías como volaban y volaban por encima. Una maravilla e inolvidable experiencia. También tenían algunos otros bichos que se podían contemplar: arañas, iguanas, escarabajos y escorpiones. Para dar por finalizada la excursión, cuando salía de la farm, me volví a encontrar con la pareja que me había llevado hasta Brinchang. Volvieron a hacer el mismo recorrido pero en la otra dirección. Desde allí fui, con otro chico en un 4x4 destrozado pero precioso, hasta Tanah Rata. Ahí terminó la aventura de Cameron Highlands. Escribiendo estas palabras me despido hasta mañana sin saber qué es lo que me deparará el destino.
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