INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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Mientras desayunaba, Abdul Rahman, el padre de la familia, me ofreció trabajo en la guest house, ya que necesitaba hacer una página web y mano de obra para diversos trabajos de albañilería. Dudé por un momento, pero la experiencia de trabajar en un lugar como ese y poder ayudar a la familia me decantaron por aceptar la oferta. Aún así quería aprovechar el día para visitar la isla. Cogí la bicicleta y rodé durante unos kilómetros hasta las cataratas del norte. Por el camino, subidas y bajadas, con muchísimos animales muertos en la carretera y muchos otros vivos cruzando continuamente: montones de monos, lagartos, tucanes y caballos, entre otros. Una vez llegué a las cataratas aluciné con el salto de agua que había y cómo los monos, al igual que yo, miraban atontados el mismo. No pude contener la emoción y me di un refrescante baño con locales que, al igual que yo, disfrutaban de una mañana relajada. Después di una vuelta hasta la esquina noroeste de la isla donde había un campo de golf en el que me dejaron pasear, con cuatro ricos que disfrutaban de su juego favorito entre árboles selváticos y montañas alucinantes. La carretera se terminó y volví tras mis pasos hasta una playa paradisíaca donde me di un plácido y relajado baño en estas históricas aguas. Por la tarde comí en un restaurante algo rápido y barato y subí hasta las cataratas de Seven Falls. Preciosas, pero algo más llenas de turistas que la anterior. Para rematar el día di un paseo por un resort en el que sabía que podía tener buenas vistas al atardecer. Todo un lujo de playa para mí solo. La isla me regaló un fantástico espectáculo de colores y luces de puesta de sol. De vuelta a la guest house, la familia me esperaba con una fantástica cena malaya, una cerveza y muchas sonrisas.
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