INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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Pocas horas dormidas y el despertador aún sonando. Debía ir pronto a las embajadas de China y Vietnam para que me dieran el pasaporte y los visados. Una vez pasado el mar por ferry, me planté en la embajada de China. Al cabo de media hora de espera, me dieron el visado por 200 yuanes. Luego, corriendo a la embajada de Vietnam y a que me pegaran el visado en el pasaporte. Con todos los documentos en mi poder, cogí otro ferry de vuelta al hostal. Ramón ya estaba despierto, a punto para recoger las cosas y largarnos a la estación de tren para llegar juntos a Guangzhou. En la estación compramos un billete y dejamos en consigna la bicicleta, reduciendo el precio del envío al sacar todas las alforjas de la bici. El trayecto hasta la ciudad de Guangzhou fue apenas de 2 horas y, una vez allí, recorrimos la estación pasando los controles y las aduanas pertinentes para entrar, por tercera vez, a China. Luego buscamos la bici y fuimos a sacar un billete para el siguiente destino: Guilin. Costó más de lo esperado entenderse con la vendedora; pero, finalmente, y con muchos gestos, conseguimos unos billetes baratos para dos días después. Anduvimos por la ciudad buscando el hostel más barato que tenía reservado y, después de un rato largo buscando, un par de chicas muy majas nos ayudaron a encontrar el sitio llamando directamente al hostal. Una vez allí, Ramón alucinó con el lugar, hecho exclusivamente para chinos y en el cual nos sentíamos un poco extraños. Dejamos las cosas, descansamos y nos fuimos a cenar algo en la calle de Shang Xia Jiu. Una calle con mucho ambiente chino. Multitud de puestos de comida callejeros y a buen precio, además de sentir la emoción de comer entre ellos. Un par de pollos a un precio de risa y unos huevos riquísimos fue lo que comimos. Para finalizar la noche decidimos coger una moto-taxi. Una experiencia de locos que a punto estuvo de terminar en tragedia, ya que el conductor, visiblemente bebido, realizaba maniobras de lo más arriesgadas, saltándose todos los semáforos que se le ponían en frente y conduciendo repetidas veces contra dirección. Llegamos vivos a nuestro destino de milagro, atravesando esa gran ciudad en un segundo. |
