INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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Durante la noche anterior pasamos algo de frío en los pies y no descansamos lo suficiente; pero la ilusión de llegar, por fin, a Ushguli nos daba la suficiente energía para recorrer el kilómetro que faltaba sin ningún problema. Ese kilómetro de subida fue duro; pero al ver de lejos Ushguli nos recorrió una energía por el cuerpo especial. Al llegar al primer pueblo, un pastor nos dio la bienvenida y nos fue guiando por el camino, pasando por perros agresivos y algunos toros y vacas que ocupaban el camino hasta llegar al segundo pueblo. De ahí nos llevó hasta una casa donde nos ofrecieron dormir y comer. Respetuosamente les comentamos que nuestra situación económica no era muy buena y por unos 10 laris (tampoco muy barato) nos dieron leche de vaca, pan y un plato típico de la zona: alubias con pan rallado. Luego nos despedimos y dejamos las bicicletas en la escuela del pueblo para hacer un poco de trekking por la zona, pudiendo gozar de las vistas más espectaculares de la comunidad de pueblos más alta de Europa, a los pies del monte Skhara, 5139 metros de altura. Por la mañana lo vimos perfecto frente a nosotros y, a medida que pasaba el día, las nubes lo cubrieron parcialmente. Por el camino encontramos una pareja china, Toto y Chu Lee, con los que paseamos un rato acompañados de algunos perros autóctonos. Luego, fue muy bueno, porque nuestra idea era la de quedarnos a dormir acampando o en algún lugar de la zona o en la casa donde pernoctamos la noche anterior. Ninguna de las dos opciones nos gustaba lo suficiente; pero era la mejor forma de pasar la noche para el día siguiente recorrer en bici los 47 kilómetros que había hasta Mestia. Pero la pareja había llegado gratis con un señor que tenía una furgoneta y que había llevado a un amigo hasta Ushguli. Después de conocerlo, ante nuestra sorpresa, nos ofreció regresar con ellos. Fue algo genial para recuperar fuerzas y, de paso, recuperar un día. En el trayecto esperamos al amigo fotógrafo del conductor: Mika. De esta forma pudimos regresar relajados y al mismo tiempo evitar los baches y el barro que tuvimos que soportar la jornada anterior. Llegamos tarde a Mestia y, como Inga nos dio mucha confianza cuando estuvimos cenando hacía tan solo dos noches, decidimos quedarnos también a dormir. La jugada nos salió redonda, ya que, por 30 laris, cenamos de lujo y desayunamos genial.
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