INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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Eran las 10:30 de la mañana cuando he abierto los ojos, después de un sueño reparador. Del comedor de la familia venían voces de una fuerte discusión. Javi y la señora de la casa estaban discutiendo sobre el dinero que se tenía que pagar. Cuando Javi ha vuelto a la habitación me ha contado que la mujer no había entendido que quería pagarle su mitad y cuando yo me levantara pagaría la mía. Javi le había dado los 30 liras que habían pactado y la mujer le contestó de malas maneras, habiendo malinterpretado la situación. Me levanté de la cama, bajé y le di las 15 liras y con el mal rollo en el cuerpo nos pusimos en marcha. Cuando la mujer vio su error nos invitó a un café georgiano y a un dulce. Hoy teníamos que ir a la embajada de Azerbaiyán y la de Kazajistán para pedir los visados. También queríamos ir a la tienda de bicis para reparar desperfectos y así tener la bici lista para cuando volviéramos a pedalear. Fuimos primero a una de las mejores tiendas de bicicletas de Tiflis, que conocía Javi, y con la bici al 100 por 100 nos hemos dirigido hasta la embajada de Azerbaiyán. La dirección que teníamos era errónea y en su lugar estaba la embajada de Rumanía. Así que volvimos a las bicis y, recorriendo mil subidas y bajadas y barrios distintos entre ellos, uno parecido a Cornellà por sus edificios altos, llegamos tarde a la embajada de Kazajistán. Estaba cerrada y ya no abría hasta el miércoles siguiente, por fiestas de Kazajistán. El hombre de seguridad nos ha llamado al consulado de Azerbaiyán, que estaba lejos, para asegurarnos los horarios. Allí hemos podido ver que teníamos otro problema; ya que también había cerrado y no abrían hasta el lunes. Con la desilusión de no poder empezar con los papeleos hemos vuelto a la casa. Por la tarde, para relajarnos un poco, hemos ido a unos baños "turcos" y por 3 euros nos hemos bañado en aguas termales con olor a sulfuro y entre rabos. Había un par de tíos gordos, también en pelotas, que han hinchado un par de sacos con jabón y nos han hecho un masaje. Esperábamos alguna chica para que nos hiciera pasar los sobreesfuerzos del camino; pero no ha sido así... Por la noche, antes de volver a la casa, Javi ha preferido mirar precios de hostales en la zona por si tuviéramos más problemas con la familia. En uno de los lugares hemos tenido un pequeño disgusto; ya que una abuela de más de 90 años, en cuya casa ponía: hostal, nos ha llevado hasta la plaza, precisamente donde pernoctábamos y allí ha preguntado a vecinas si podían hospedarnos. A nosotros no nos interesaba que se enterase la familia; pero ya era tarde. Procuramos decirle a la abuela que no se preocupase; pero como no nos entendía no había manera de deshacernos de ella. Menos mal que se han aproximado un par de vecinas preguntando por un sitio donde dormir. Les hemos explicado la situación y todo volvió a su cauce. Nosotros hemos vuelto a la casa donde, con otro esfuerzo para limar asperezas, la mujer nos ha preparado alubias al estilo georgiano. |
