INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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Por la mañana, Ari, Alba y Óscar habían contratado el pack de vuelta en globo que costaba unos 150 euros. Yo, aunque era uno de mis sueños, no podía pagármelo, por lo que me he quedado en la cama del hotel. Les he pedido que me hicieran fotos y vídeos para documentar la vuelta al mundo con esta estupenda experiencia. Después de reencontrarnos en el hotel, hemos desayunado y nos hemos dirigido, con el autobús de la agencia, hasta una de las ciudades subterráneas. La claustrofobia podía hacer acto de presencia por la sensación que daba pasear en las profundidades de la tierra. El autobús nos ha vuelto a llevar hasta Avanos y de allí hemos cogido un autobús de línea hasta un cruce donde teníamos que andar un kilómetro hasta el Valle de Zelve. Como somos muy listos, hemos intentado coger un camino diferente, pensando que se tenía que pagar, aunque al final no era así. Lo bueno ha sido que hemos conocido a un hombre que tenía un pequeño huerto en la zona y nos ha invitado a un té de manzana natural. Después hemos recorrido la zona y el grupo se ha partido en dos: Ari y Alba por un lado y Pau, Óscar y yo por el otro. En el museo del aire de Zelve nos perdimos. Al final hemos vuelto en un autobús de línea que salía del cruce anterior y las chicas, haciendo autoestop, las ha recogido un camión. Hemos comido, de nuevo, embutido de Salamanca. Unos han ido a descansar para ir al castillo de Uchisar al atardecer. Antes, Óscar y yo hemos aprovechado para visitar el Valle del Amor, que se encontraba a poca distancia del hotel. Habiendo visitado, durante todo el día, la Cappadocia, puedo decir que es espectacular y que no la olvidaremos nunca. Espero volver algún día para volar con el globo por ese paisaje tan especial. Ya en el hotel, hemos cenado y nos hemos despedido con unas cervezas y un vino de la región. Han sido unos días estupendos. Yo no sé cómo voy a continuar, después de tal experiencia y compañía, mi vuelta al mundo.
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