INTRODUCIENDO TIEMPO DE DESTINO
Programando destino…
Uno de mis objetivos durante este viaje es regalar pelotas de fútbol a niños y niñas de países donde conseguir una no siempre es fácil.
Una pelota cuesta muy poco, pero puede significar muchísimo para quienes apenas tienen oportunidades de jugar con una. Al fin y al cabo, para echar un partido solo hacen falta una pelota, unos cuantos amigos y ganas de pasarlo bien.
Siempre que tenga ocasión, intentaré llevar un poco de alegría a través de algo tan sencillo como el fútbol. Porque hay sonrisas que valen mucho más que los 8 o 10 euros que cuesta un balón.
Jordi Romo
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El sol lucía en todo lo alto por la mañana. A lo lejos se podía ver alguna nube; pero nada hacía predecir el diluvio que, pocas horas después, iba a caer durante mi trayecto a Olympia. Después de pasar por Kumluca y ver las espirales de la torre Merkezi, he subido la cuesta, de 11 kilómetros, con destino a las ruinas de la ciudad de Olympia, en el parque natural del mismo nombre. En esa subida ha empezado a llover tímidamente, pero, a medida que iba subiendo, llovía más y más fuerte hasta que me he resguardado entre los pinos, junto a un tractor, que también le había pillado la lluvia. Ahí me he cambiado de ropa para soportar mejor la lluvia. Con la ropa adecuada y viendo que no remitía e incluso llovía cada vez más fuerte, he salido a recorrer los 30 kilómetros que me faltaban hasta llegar a mi destino. A mitad del camino me ha parado un cuatro por cuatro y me ha recogido. Ha dado la casualidad que era un señor que tenía una pensión al lado de Olympia. Después del paseo bajo la lluvia en el 4x4 he llegado a las ruinas de la gran y bonita Olympia. En la entrada me han dejado pasar gratis con la bici. He recorrido la zona paseando entre las diferentes y espectaculares ruinas que tocan el mar. Lo más bonito, en mi opinión, es la cantidad de flores y vegetación que crece en esa húmeda zona. Da la sensación de que estés atravesando una selva, al mismo tiempo que descubres ruinas. Al finalizar ha dejado de llover y me he dirigido a la pensión del señor que me recogió con el 4x4. Ahí he conocido a su amable hijo y a Ali, con el que he mantenido una interesante conversación, ya que hablaba un perfecto español, al tener la mujer en Galicia. Me ha contado que estaba construyendo una casa y me ha invitado a tomar un té en ella. De ahí he vuelto a la pensión. No era otra cosa que una zona con casas de madera climatizadas y con una excelente cama donde descansar. En la pensión también me han dado de cenar, trayendo la comida hasta mi casa. Una cena con sopa, pasta, verduras y ensalada. Toda una comilona para un día largo como el de hoy y, además, pasado por agua.
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